“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

sábado, 14 de septiembre de 2013

Historia de una confusión





Bernie era un niñito suizo muy bonito. Como todos los niños de Suiza.
Su madre, muy bondadosa ella, sin embargo a veces recurría a métodos no muy limpios para conseguir que Bernie la obedeciera:





De allí en más, cuando Bernie va a viajar en avión dice: “Voy a tomar la cuchara”.
Y así le fue ocurriendo con muchas otras palabras. Por ejemplo, un día su madre le preparó spaguetti. Pero Bernie no sabía pronunciarlo:

-Se dice “Spaguetti” –le dijo su madre.
-Spaguitto –repitió Bernie.
-¡Spaguetti!-inisitió la pobre madre.
-Spaguitto.
-A ver, vamos a practicar, Bernie. Decí: “Trabetti”.
-Trabetti –respondió Bernie.
-Trebetti-trabetti-trabetti.
-Trabeti-trabetti-trabetti.
-Ahora: ¡Spaguetti!
-¡Spaguitto!

Estas cosas enfurecían a su madre:

  


Entonces, para superar este trauma infantil, sus padres enviaron a Bernie a estudiar idiomas, muchos idiomas. Y Bernie estudió y lo hizo bien, llegando a hablar fluidamente varias lenguas.
Pero ni esto pudo evitar que continuara confundiendo las palabras y no pudiera pronunciar otras.
Así es como en su etapa adulta, cuando alguien le decía, por ejemplo: “iglesia conciliar”, él decía: “Iglesia Católica”.

-Conciliar.
-Católica-respondía él. Y no había caso, ahí se quedaba.

Lo peor de todo fue cuando tuvo que redactar, a pedido de unos señores romanos, una Declaración doctrinal. Así como antes le habían dicho “levantamiento de la excomunión” y él había dicho “retiro del decreto”, ahora, cuando le decían “doctrinal” él decía “diplomática”, y cuando le decían “avión” él decía “cuchara”, y así parece que aquel viejo trauma infantil renacía poderosamente renovado y libre en su lenguaje, sin que hubiera una madre para regañarlo.
Y ya libre y desatado de toda inhibición, Bernie se sumió en su confusión, a pesar de que mucha gente a su alrededor trató de corregirlo, con tan mala suerte que Bernie para vengarse los echó de su lado, creyendo con ello perjudicarlos sin saber que les hacía un favor.

Así fue como Bernie se fue quedando sin buenos amigos, pues en su confusión donde él decía “amigo” había un “enemigo”, y viceversa.
Y colorín colorado, esta historia ha terminado…es decir, no.  




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