“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

lunes, 8 de febrero de 2016

Tiberius et Franciscus, Pontifices Maximi




De acá

[R]esentirse [...] es un veneno y no una coquetería, que no es amor sino odio, o más exactamente es ira ulcerada, a veces mezclada de envidia y ainda mais de soberbia y encima a veces de pereza, puesto que los vicios capitales son amigos de llamarse unos a otros. El “ressentiment” en el sentido técnico y nietzscheano es un veneno psicológico, es un veneno activísimo sutil e invisible, es un veneno que está untado por todas partes hoy día y nosotros nos untamos y untamos a otros, como en la peste de Milán descrita por Manzoni, que el vulgo creía que había untadores de la peste. 

No debe ser casualidad pura que Cristo fuese crucificado  -el crimen más bárbaro y cruel de la Humanidad, aun naturalmente mirado-, bajo el Emperador Tiberio, hombre fríamente cruel que no perdonó ni a su propia madre, y gran inteligencia política por otro lado.

Tiberio nació en una familia toda barajada y con tremendas deshonras familiares. El ambiente familiar alterado que decíamos la otra semana, caldo de neurosis y perversiones, lo volvió resentido incurable.

¡El mal ambiente familiar! Esas desgracias incomprensibles y funestas para el niño, esas desavenencias o discordias o escándalos o vicios sucios de los padres, que se filtran no se sabe cómo hasta su conciencia aunque se trate de ocultarlas, que impregnan las paredes y el aire de una casa; y después, cuando adolescente reflexivo y ya sensibilizado, esas injusticias contra las cuales no hay nada que hacer, situaciones dolorosas o humillantes impuestas por la fuerza sin una palabra de explicación, impuestas por las personas más allegadas [...]

Basta este ambiente familiar deshonrado, entristecido y sin amor para explicar el terrible carácter del futuro Emperador, duro como una piedra, inhumano, tortuoso, hipócrita, refractario al agradecimiento y a todos los “móviles de la liberación”, al afecto, a la ternura, a la unión familiar. El carácter del gran resentido que es intelectual -instintivo sin sentimientos-, como si estuviese amputada toda la parte media del psiquismo; sin corazón, como dice el pueblo con mucha razón; y en el caso del resentido, con mal corazón, con el corazón envenenado.

Las crueldades de Tiberio ¡no hay tiempo para describirlas! y son demasiado conocidas [...] refractario a toda gratitud y aun enconado por los beneficios, como es propio del gran resentido: “En mi juventud viví tristemente bajo la ESCLAVITUD del agradecimiento”, palabra abismática de Robespierre; y no sólo por necesidad política, como Rosas, sino simplemente por gusto, por maldad, por temor al pueblo; porque el resentido, siendo duro, es cobarde [...] Tiberio se reía de las leyes romanas, siendo el Supremo Legislador, y se reía de la religión romana, siendo un Pontifex Maximusy de toda la humanidad en general cuando estaba en sus accesos de temor morboso y de rabia blanca, y lo estaba siempre.

La más innoble delación, el espionaje de las conversaciones privadas, las venganzas y las insidias clandestinassembraron por muchos años el temor y la tristeza en Roma [...]



El terror del resentido viene de que no conoce a las personas; y por tanto debe desconfiar de todos como de enemigos. Y no puede conocer a las personas, porquecarece de “identificación afectiva”, no puede salir de sí mismo y meterse en otro, EMPATÍA; carece de móviles de liberación y abunda en móviles de retracción. Todos los rasgos del gran resentido campean en él: 1°, el resentido suele ser inteligente; 2°, el resentido es tímido, cobarde y cauteloso; 3°, es taciturno, mistificador; 4°, es escéptico y no se entusiasma por nadie; 5°, es insaciable en su venganza perenne; 6°, es generoso con los lejanos y malo con los próximos; afecta amor a unos, que es simple odio disfrazado a otros: así Tiberio vivía entre sus soldados en Germania y los halagaba demagógicamente para hacer despecho al cuerpo de oficiales, a los generales y a los nobles.

Despreciaba altamente a la religión oficial de la cual era Pontífice Máximo; y vejaba a los sacerdotes, arúspices y adivinos.

Sus actuales panegiristas [...] aducen el hecho de su rehúse a que le erigiesen templos como prueba de su ánimo magnánimo y adverso a la adulación; pero la manera violenta con que rechazaba las adulaciones (pues en verdad las rechazaba)muestra la desconfianza del resentido (que teme le tomen el pelo cuando lo alaban) más bien que la modestia del magnánimo.

La moral de Tiberio, reconozcámoslo, tenía las virtudes de su clase y sobre todo las virtudes del resentido, las virtudes de Robespierre y de Torquemada: el puritanismo, la regularidad y la corrección burocrática, la disciplina, la sobriedad y la castidad del soldado (castidad que se explica por su frigidez, no es raro encontrar castos entre los crueles, antes nombré a dos), la observancia legal del fariseo y la FILANTROPÍA, que no es lo mismo que la caridad: hacía donaciones ostentosas cuando el incendio del Monte Cello, o en las hambres que pasó Roma; pero era tacaño para la caridad individual e incluso escatimaba el viático a sus servidores; ¡la filantropía! que justamente como sustituto de la caridad en nuestra época, Max Scheler denuncia como uno de los frutos más típicos del resentimiento. La filantropía es la beneficencia de la cantidad; la caridad es la beneficencia del corazón. Sus soldados lo idolatraban; pero su camaradería con el soldado es sospechosa ante la falta de camaradería con su “staff”, con sus iguales. Él pertenecía a la más rancia aristocracia de Roma; pero aborrecía a la aristocracia, no solamente a la aristocracia advenediza y corrompida de los Herodes Agripa y los Mesalino Cota, sino a toda la aristocracia, por ser aristocracia [...]

Leonardo Castellani, Psicología Humana.


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