“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Ladridos, macaneo, autobombo, rezongos y llanto


Supertradis contra los falsos resistentes. Pintura de Requena. 


1.

Ladridos radiales. Lo de siempre. La “Iglesia Católica Verdadera que Subsiste en la Radio” practica su deporte favorito, el “antiwilliamsonismo”. Así un “destacado” columnista radial entre larguísimos párrafos ácidos e incongruentes, dice:

“Monseñor Williamson manda o sugiere que:
a) Hay que discernir (con el propio juicio) en qué le obedezco al Papa verdadero que es Bergoglio, y en qué cosas NO LE OBEDEZCO.
b) O bien, lo que está mandando o sugiriendo es que hay que desobedecerle EN TODO.
La primera opción es simple y sencillamente consecuencia del LIBRE EXAMEN PROTESTANTE aplicado a la persona del Pontífice, ya que Mons. Williamson da por cierto que Bergoglio lo es.
La segunda opción es la de la REBELIÓN COMPLETA Y ABSOLUTA respecto de lo que Mons. Williamson considera una verdadera autoridad… nada menos que la de quien él enseña que es el VICARIO DE CRISTO EN LA TIERRA. No está mal para un ex-anglicano.
Cuando vemos estas cosas, es cuando comprendemos que solamente existe una posición CATÓLICA, en estos tiempos de apostasía profunda y extendida.
Precisamente la posición doctrinal que Mons. Williamson se resiste a considerar y cada tanto se dedica a contradecir, aunque sin el menor respeto por la congruencia y la coherencia y con una desaprensión pasmosa respecto de la preservación de la Fe, sin la cual es imposible agradar a Dios”.

Nótense dos cosas: de acuerdo a este razonamiento San Pablo habría sido un libre pensador por resistir a San Pedro, primer Papa (“le hice resistencia cara a cara, por ser digno de reprensión”, Gal. 2,11). También por enseñar que “aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo, os predique un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea maldito” (Gal. 1,8), afirmando de ese modo la posibilidad de que un hombre de la jerarquía de la Iglesia pudiese predicar otra doctrina diferente de la enseñada por Cristo, y enseñando que debemos oponernos a ellos.

Lo segundo es que los envalentonadísimos y osados radioceriánicos afirman que solamente existe una sola posición católica, pero no se animan a decir cuál es: esto es, el sedevacantismo. Toda la bravuconería que se utiliza para ridiculizar a uno de los tres obispos católicos antiliberales que resisten en el mundo, se desinfla a la hora de afirmar claramente la supuestamente “única posición católica” que existe. Una posición que contradice las Sagradas Escrituras que afirman que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (contra la Iglesia) y que contradice el católico Concilio Vaticano I (que declara la perennidad dela jerarquía eclesiástica. Como vemos esos que se declaran ultracatólicos no son otra cosa que rebeldes.

2.

Macaneo y autobombo.

Un cura que según parece ha purificado, desinfectado y desodorizado sus “misiones” (sobre todo en Brasil) de toda inmundicia, imperfección, error o tibieza, se presenta anunciando urbi et orbi que él no le tiene miedo a “ninguno”. Para que quede claro lo hace con imagen fotográfica y todo. Y aunque no se ha cansado de afirmar que no quedaba nada católico en las filas de la Iglesia oficial, coloca una supuesta cita de un santo religioso (en verdad lo era) pero que fue beatificado por Pablo VI y canonizado por Juan Pablo II, para darle peso a su corajuda confesión. Se presenta la cita esgrimiendo la S. de “San”, por lo tanto se admite la canonización de la iglesia conciliar. De ese modo la iglesia conciliar con sus canonizaciones viene a quedar “misteriosamente unida” a la impoluta secta del buen fruto. Los purificados que no tienen nada que ver (y lo dicen en voz alta) con los tres obispos antiliberales de la Resistencia, aceptan las canonizaciones de la iglesia conciliar. Pero esto no tiene importancia porque los rudísimos y valientes y buenos árboles que sólo dan buenos frutos no tienen tiempo que perder en disquisiciones doctrinales, ya que su principal aplicación es ejercitar la caridad anunciando urbi et orbi que todos los demás son cobardes, traidores y tutti quanti, salvo ellos. Pero estos olvidan que Dios confunde a los autoproclamados “sabios y fuertes”, y no recuerdan que San Pablo dijo de sí mismo “Yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no llegué anunciándoos el testimonio de Dios con superioridad de palabra o de sabiduría (humana), porque me propuse no saber entre vosotros otra cosa sino a Jesucristo, y Éste crucificado. Y, efectivamente, llegué a vosotros con debilidad, con temor, y con mucho temblor. Y mi lenguaje y mi predicación no consistieron en discursos persuasivos de sabiduría (humana), sino en manifestación de Espíritu y de poder; para que vuestra fe no se funde en sabiduría de hombres, sino en una fuerza divina” (I Cor. 2, 1-5).

Deshonrando su ministerio a través de errores, calumnias, falsedades y ataques insensatos, hay un grupo de extraviados pretes obcecados en el error y cuya misión parece consistir sencillamente en resistir a la verdadera religión. Uno recuerda ahora al Kempis y su extraordinaria perspicacia psicológica para darse cuenta de cuán graves peligros nos acechan. Por ejemplo en lo dicho en estas sentencias:

“Muchas veces parece caridad lo que es amor propio; porque la inclinación de la naturaleza, la propia voluntad, la esperanza de la recompensa, el gusto de la comodidad, rara vez nos abandonan”. (I, 15,2)

“Muchas veces no sentimos cuán ciegos estamos en el alma…a veces nos mueve la pasión y pensamos que es celo” (II, 5,1)

“Muchas veces juzgamos según nuestro gusto de las cosas, pues fácilmente perdemos el verdadero juicio de ellas por el amor propio” (I, 14,1)

“Muchos buscan secretamente su propia comodidad en las obras que hacen y no se dan cuenta” (I, 14,2)

“Nuestra estimación y nuestro sentimiento a menudo nos engañan y conocen poco” (III)

“Los que se tienen por sabios, tarde sufren con humildad ser regidos de otros” (III, 8)

Pero dudamos que estos Padres sean afectos a la sublime “Imitación de Cristo”, pues incluso el que debajo referiremos es discípulo dilecto de un predicador que desprecia profundamente tal lectura, al punto de haber dedicado más de un sermón a denostar la sabiduría de aquella obra maestra. ¿Qué puede esperarse de semejante muestra del orgullo y la negligencia?


3.

Rezongos y llanto.

Otra reacción muy de lamentar contra la Resistencia es la afectada en una charla que entre ripios, balbuceos y ruidos de diversas fuentes, exteriorizó el sacerdote de la escuela meramiana. Emulando sin darse cuenta a Mons. Felé, en repetida quejumbre lanzó los dramáticos y electrizantes “es para llorar a gritos” o “es para llorar”, ante las supuestas herejías, apostasía y demás trapacerías en que habrían incurrido los tres obispos de la Tradición (Mons. Williamson, Mons. Faure y Mons. Tomás de Aquino OSB). El orador además se resiente contra un sacerdote que en buena lid y con toda caridad ha demostrado los errores en que el osado dramaturgo ensotanado ha caído.

Quizás no sea casualidad que haya varios de estos atacantes del clero que son oriundos de nuestra Argentina (asociados a algunos yanquis de taquillera boina verde), pues el macaneo es una especialidad argentina, como Bergoglio se está encargando de mostrar al mundo enero. Ya lo decía el Padre Castellani:

“También tengo la idea de que el macaneo, que es una especialidad argentina, como el tango y la gomina, es consecuencia en definitiva de la falta de Religión. -¿Qué tendrá que ver? -Sí, en definitiva tiene que ver. El macaneo no viene de la sangre española ni de la sangre latina: es una mezcla de una cualidad y dos vicios, de la viveza criolla con la frivolidad o ligereza y el atrevimiento o temeridad. Yo sospecho que la Argentina es la capital del macaneo en todo el mundo, que no hay ninguna nación que pueda disputarle el campeonato. Un amigo me dice que Suecia es peor. Bueno, no me consuela nada”.

Mala religión más obcecación más atrevimiento más espíritu de independencia, igual a falsa Resistencia o Fariseísmo. Quizás se trate de una falta de rectitud o sencillez del corazón, en palabras del Kempis:

 “La sencillez ha de estar en la intención y la pureza en la afición. La sencillez pone la intención en Dios; la pureza le abraza y le gusta…Si tú fueses recto y puro en lo interior, luego verías y entenderías bien todas las cosas, sin impedimento. El corazón puro penetra el cielo…” (cf. I 3,2)
  


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