“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

domingo, 3 de noviembre de 2013

Tener un perro




Hay, no obstante, algo más profundo que todo eso en el asunto, y tanto el perro como yo estamos demasiado amodo­rrados para interpretarlo. Él está echado delante mío, enros­cado delante del fuego, como tantos otros perros se habrán echado delante de tantos otros fuegos. Yo estoy sentado a un costado del hogar, como tantos otros hombres deben haberse sentado al lado de tantos otros hogares. En algún modo, esta criatura ha completado mi hombría. Por algún motivo, que no puedo explicar, un hombre debería tener un perro. Un hom­bre debería tener seis piernas: esas otras cuatro son parte de él. Nuestra alianza es más antigua que ninguna de las explica­ciones presuntuosas y ligeras que se hayan dado sobre cualquiera de nosotros dos; antes de que existiera la evolución, ya existíamos nosotros. Ustedes pueden leer en un libro que yo soy una mera supervivencia de una confusión de monos antropoides, y puede que lo sea. Les aseguro que no tengo objeción alguna. Pero mi perro sabe que soy un hombre, y ustedes no encontrarán el significado de esa palabra escrito en ningún libro con tanta claridad como está escrito en su alma.


Gilberto K. Chesterton, “Tener un perro”, 1909. Aproximación a Chesterton.
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