“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

martes, 23 de diciembre de 2014

Hipocresías con Alzheimer




De acá

Es muy notable, casi increíble. ¿Cuándo, en las últimas décadas, el discurso de fin de año de un Papa a la Curia Romana ha tenido tanta repercusión en los medios del mundo? Ayer ocupó durante varias horas la primera plana de los portales electrónicos de los principales diarios del planeta.

¿Cómo se entiende? Yo veo solamente una respuesta: porque el papa Francisco le dijo a la Curia lo que el mundo le viene diciendo desde hace años. Las palabras del Pontífice tuvieron tal repercusión porque son las mismas palabras del mundo.

Viéndolo desde otro costado: Bergoglio construye su poder basado en las fuerzas de este mundo: sus medios de prensa, sus tejes y manejes políticos, sus slogans y sus ideales y, para hacerlo, no tiene otra opción que canibalizar a la propia Iglesia.  Y no le importa. Y lo hace cotidianamente. Es probable, por ejemplo, que festeje esta Nochebuena como lo hizo el año pasado: comiendo con judíos sandwiches sin jamón en la sacristía de San Pedro. 

El Papa Francisco le habla al mundo y se debe al mundo. No le habla a los católicos sino para criticarlos y despellejarlos. ¿Será que pretende ganar de ese modo al mundo para Cristo? No lo creo capaz de tal ingenuidad.

Como decía ayer un encumbrado miembro de la Curia, entusiasta de las reformas francisquistas: “¿Es que este hombre dirá alguna vez algo positivo sobre nosotros?”.

El Papa Bergoglio tiene la infalible habilidad de retratarse cuando hostiga, sólo habla de sí y consigo. Estamos ante un autorretrato espiritual involuntario: “terrorismo de las habladurías”, “murmuración asesina”, “esquizofrenia existencial”, “Alzheimer espiritual”, “narcisismo”, son sus autodiagnósticos, en un juego de espejos que no puede percibir, característica típica de personajes enfermos y peligrosos.

"Oí una gran voz en el cielo que decía: Ahora llega la salvación, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios de día y de noche".

Apocalipsis 12, 10.



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