“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

sábado, 30 de enero de 2016

P. Ceriani: Fariseísmo persistente



En la “Radio Antiwilliamsoneidad”, cuyo despliegue de piadosas novenas no tiene otro fin que servir de pantalla para disfrazar su inconmovible y diabólico fariseísmo, no hay otra misión asumida más que hacer la obra de su padre, cual es la de perseguir a los seguidores de Cristo. “YO”, decía el Padre Pío que es el nombre del diablo. En esa afirmación orgullosa de sí mismo propia del fariseo, la Radio y quien ostiene su timón, no hacen otra cosa que disgregar en la confusión y atrincherarse cada vez más alrededor de un espíritu de secta.

En uno de sus últimos chillidos antiwilliamsonianos (acá), Ceriani incurre en varios sofismas elaborados sobre estas premisas falsas: a) Afirma implícitamente que son acatólicos (= no católicos) los que participan activamente en el Novus Ordo (el 99,9% de los católicos serían acatólicos).  b) Aplica las normas sobre communio in sacris con acatólicos, por analogía, a la participación en el Novus Ordo. Según el principio universal del derecho que se enuncia así: "odiosa sunt restringenda, favorabilia sunt amplianda"; no se debe extender, por analogía, lo desfavorable u oneroso o restrictivo de una ley a situaciones no contempladas en esa ley (Ejemplo: hay un orden de precedencia de las personas según su dignidad, establecido en las leyes del Estado. Luego, ese mismo orden debe aplicarse en las filas del aeropuerto, independientemente del orden cronológico de llegada. Otro: es ley de la Iglesia que las mujeres no se acerquen al altar. Luego, tampoco a la sacristía, donde normalmente entra sólo el sacerdote y los acólitos). 

Y, claro, mantiene el equívoco acerca de la idea de "iglesia conciliar", como conviene al diablo.

Como dijo el Padre Castellani, definiendo al fariseo: “Todo el que no tiene espíritu como el mío, tiene mal espíritu”, es el pensamiento recóndito del fariseo. Y lo contrario es justamente lo verdadero”.

Contra el error notorio de los conciliares de tener una Iglesia “de puertas abiertas” sin discriminación alguna, así dispuesta para que entren todos sus enemigos, estos fariseos caen en lo contrario, haciendo una iglesia “de puertas cerradas”, donde sólo podrán entrar y pertenecer a ella lo que son como ellos: puros, infalibles, inconmovibles, santos. Francisco y Ceriani parecen estar en las antípodas, pero son las dos caras de una misma moneda. Uno destruye la Iglesia haciéndola tan ilimitada que sus contornos se vuelven borrosos y todo indistintamente entra en ella. Otro la destruye haciéndola tan pequeña que sólo un ínfimo grupo de iluminados caben en ella. Uno y otro definen al “verdadero católico” de acuerdo a sus propios y personales criterios. En definitiva, se hacen “dueños” de la Iglesia. Saduceos y Fariseos, ambos enemigos de Cristo.
  
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