“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

martes, 26 de abril de 2016

El diablo y el posadero



  
Robert Luis Stevenson

El diablo paró una vez en una posada donde nadie lo conocía, porque se trataba de gente cuya educación era escasa. Tenía malas intenciones y todos le prestaron oído durante mucho tiempo. El posadero lo hizo vigilar y lo sorprendió con las manos en la masa.
Tomó una soga y le dijo:
-Voy a darte de azotes-
-No tienes derecho a enojarte- dijo el diablo- Sólo soy el diablo y mi naturaleza es obrar mal.
-¿Es verdad?- preguntó el posadero.
-Te lo aseguro- dijo el diablo.
-¿No puedes dejar de obrar mal?- preguntó el posadero.
-Ni en lo más mínimo- dijo el diablo- Sería inservible y cruel dar azotes a una cosa tan pobre como yo.
-Es verdad- dijo el posadero.
Hizo un nudo y lo ahorcó.
-Ya está- dijo el posadero.

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