“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

martes, 21 de abril de 2015

El católico resabiado de liberalismo


Una muestra.
 Marcelo González de Panorama Caótico Internacional.


“El católico simplemente resabiado de Liberalis­mo se conoce en que, siendo hombre de bien y de prácticas sinceramente religiosas, huele no obstan­te a Liberalismo en cuanto habla o escribe o trae entre manos. Podría decir a su modo, como Mad. Sevigné: “No soy la rosa, pero estuve cerca de ella y tomé algo de su olor”. El buen resabiado discu­rre y habla y obra como liberal de veras, sin que él mismo, pobrecito, lo eche de ver. Su fuerte es la caridad: este hombre es la caridad misma. ¡Cómo aborrece él las exageraciones de la prensa ultra­montana! Llamarle malo a un hombre que difunde malas ideas, parécele a ese singular teólogo pe­cado contra el Espíritu Santo. Para él no hay más que extraviados. No se debe resistir ni combatir; lo que se debe procurar siempre, es atraer. “Ahogar el mal con la abundancia del bien”: ésta es su fórmula favorita, que leyó un día en Balmes por ca­sualidad, y fue lo único que del gran filósofo catalán se le quedó en la memoria. Del Evangelio aduce únicamente los textos que saben a miel y al­míbar. Las invectivas espantosas contra el farisaís­mo, diríase que las tiene él por genialidades e in­temperancias del divino Salvador. A bien que sabe usarlas él mismo muy reciamente contra los irrita­bles ultramontanos, que con sus exageraciones comprometen cada día la causa de una religión que es toda paz y amor. Contra éstos anda acerbo y duro el buen resabiado, contra éstos es amargo su celo y agria su polémica y agresiva su caridad. Por él exclamó el P. Félix en un discurso célebre, a pro­pósito de las acusaciones de que era objeto la per­sona del gran Veuillot: “Señores, amemos y respe­temos hasta a nuestros amigos”. Pero no; el buen resabiado no lo hace así: guarda todos sus tesoros de tolerancia y de caridad liberal para los enemi­gos jurados de su fe. ¡Es claro, como que el infe­liz los ha de atraer! En cambio, no tiene más que el sarcasmo y la intolerancia cruel para sus más heroicos defensores. En suma: al buen resabiado, aquello de la oposición per diametrum del Padre San Ignacio en sus Ejercicios espirituales, nunca le pudo entrar. No conoce más táctica que la de ata­car por los flancos, que en religión suele ser la más cómoda, pero no la más decisiva. Bien quisiera él vencer, pero a trueque de no herir al enemigo ni causarle mortificación o enfado. El nombre de gue­rra le alborota los nervios; más le acomoda la pa­cífica discusión. Está por los Círculos liberales en que se perora y delibera, no por las Asociaciones ultramontanas en que se dogmatiza e increpa. En una palabra, si por sus frutos se conoce al liberal fiero y al manso, por sus aficiones principalmente es como al resabiado de Liberalismo se le ha de conocer.”


R.P. Félix Sardá y Salvany, “El Liberalismo es pecado”, cap. XVIII.

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