“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

domingo, 19 de abril de 2015

La realidad


Un alma atormentada. Polichinela del diablo.


Decía el gran sacerdote antiliberal, don Félix Sardá y Salvany: “Lo que muestra mejor al hombre es su conducta práctica más aún que sus palabras. Éstas, como decía donosamente Talleyrand, sirven ordinariamente para ocultar el pensamiento; la conducta lo revela casi siempre aun a pesar de su dueño. No entiendo aquí por conducta tal o cual falta en que todos podemos caer; hablo de la conducta pública, general, de la conducta sistemática, de lo que más bien que conducta podríamos llamar procedimiento práctico” (“Cosas del día, o sea, respuestas católico-católicas a algunos escrúpulos católico-liberales”).

Interesadamente falaces, las hienas de la Radio Cerianidad, cuya especialidad es la agresión sistemática a Mons. Williamson (y en su figura a toda la Resistencia católica), omiten siempre todo aquello que en la conducta de Mons. Williamson lo revela como consagrado a combatir el liberalismo y lo ha hecho resistir a la impiedad conciliar y la traición dentro de la FSSPX. En cambio, sí se placen en mencionar su aceptación del motu proprio de la misa y el “levantamiento” de las excomuniones, cuando estaba dentro de la estructura oficial de la FSSPX. Sin embargo, si por tales actitudes –que no contemplan lo que ocurrió después- se creen con derecho a llamar acuerdista o liberal disfrazado a Mons. Williamson, del mismo modo tendrían que afirmar que el Padre Ceriani es un falso sedevacantista o quizás un acuerdista disfrazado, pues todavía se recuerda su amplísimo estudio sobre las dificultades que entraña la posición sedevacantista, titulado “Monseñor Lefebvre y la sede romana. Posición inalterada de Monseñor Lefebvre durante 20 años”, el cual la FSSPX presentaba así: “De su lectura en más, creemos, muchos de los que han sido fascinados por la idea del sedevacantismo reflexionarán sobre las dificultades que entraña sostener responsablemente tal opinión y quizás de este modo lleguen a advertir que la polémica al respecto debe ser muy prudente, franca y alejada de todo espíritu sectario. Una disputa (contradicción de pensamientos) signada por el espíritu de apertura intelectual, de búsqueda de la verdad y nunca basada en o fuente de discordia (contradicción de sentimientos)”. Pero, por supuesto, ningún “teólogo” del staff radial le imputa al intocable Ceriani tal actitud, a pesar de que contradicen todo aquello que él postulaba, con un espíritu sectario y de discordia, incluso contrariando aquello de la posición inalterada de Mons. Lefebvre, pues lo quieren convertir al arzobispo en un sedevacantista. Algo que el mismo documentado trabajo de Ceriani se encarga de refutar, pero que allí nadie le imputa pues quizás haya sido “un pecado de juventud”.

A esto debe agregarse la actitud de la despechada Radio Cerianidad de tomarse de alguna que otra palabra de Mons. Williamson de una conferencia, y aislarla de su conducta pública, con lo que se revela a las claras el “procedimiento práctico” por el cual se muestra esta gente en su intención torcida y ajena a la realidad. Cuando el detective Ceriani encuentre un error de traducción, se tratará sin dudas de una falsificación, de un timo, de un engaño. Porque él vive para demostrar que no puede ser engañado. Y que los demás son deshonestos. “Denme las cartas de un hombre inocente, y yo lo haré condenar” decía Napoleón Bonaparte.

De los engaños y falsificaciones suyos y de la propia Radio, jamás dirá nada.

Porque hay que decir las cosas claras. Es la conducta lo que revela lo que el hombre es. Hay campeones de la ortodoxia católica…dentro de un café. O escondidos tras un sitio web, blog o Radio. Pero que luego en sus acciones se desdicen, o no manifiestan lo mismo que postulan verbalmente. ¡Dios quiera que no seamos de esos! Pero esta es una realidad, muy palpable en estos tiempos. Es decir, que en verdad hay muchos que no creen en la verdad católica, porque no la viven.

Mons. Williamson fue apremiado a que cierre sus Comentarios Eleison, por denunciar el liberalismo en la FSSPX. Fue excluido del último Capítulo general, por su posición antiliberal en la FSSPX. Fue expulsado de la congregación por oponerse al acuerdo con la Roma modernista. Fue excomulgado por realizar una consagración en defensa de la Iglesia Católica y contra el modernismo. Fue separado de  un seminario y expulsado de un país y llevado a juicio por el Sionismo internacional por decir una verdad contra el nuevo dogma de fe mundial. Mons. Williamson puede exhibir como gloriosas condecoraciones estas persecuciones, estas expulsiones y estas condenas y los ataques mediáticos y los insultos más variados del mundo, por mantenerse fiel a la verdad. He allí algo nada difícil de entender para un católico verdadero. No hay detrás ningún misterio. El mismo camino recorrido por Mons. Lefebvre ante la ira de los impíos, debió recorrer él. Son hechos que muestran una clara conducta de repulsa a los poderes establecidos que pugnan contra la Iglesia. Dicho todo esto sin desconocer lo defectuosa que pudiera ser su conducta en algún u otro momento, como falibles somos todos. Esto no es una apología ni un panegírico, sino una constatación.

¿Pero qué tenemos por el lado del rabí radial? El campeón de la resistencia dura e inflexible, el gran maestro de la polémica, el sabio incomprendido, el denunciador serial, en este orden de cosas, no tiene ninguna medalla que exhibir, pues es claro que nadie lo conoce y su labor intelectual –por demás mediocre- apenas cuenta con la atención de un sitio web. Mientras que los Comentarios Eleison son reproducidos por al menos una docena de sitios y blogs, los sermones o artículos ceriánicos no despiertan mayor interés. Y ¿qué persecución puede esperar quien se ha apartado de toda acción apostólica y sólo reduce su “militancia” a atacar sin el menor riesgo de su parte a uno de los dos únicos obispos integralmente católicos que quedan en el mundo, y por lo cual han sido excomulgados por Roma modernista? ¿Cómo va a ser denunciado Ceriani si se dedica con ahínco a atacar a la Resistencia católica y al obispo odiado por la Sinagoga de Satanás? Verdaderamente, obra de Satanás hace este jactancioso Don Nadie, que busca la atención a través de sus dicterios constantes y sus mentiras recurrentes. Sí, mentiras descaradas que en este mismo blog hemos destacado sin ser refutados, porque, claro ¿cómo se va a rebajar el Papa de los sedevacantistas más potentes? ¿Y con qué?

El diablo intenta, siempre, separar a los que deben estar unidos y unir a los que deben estar separados. Ceriani, ministro del diablo, acaba de insistir para crear discordia dentro de la Resistencia, tratando de hacer creer que hay una reyerta. No hay ninguna reyerta, aunque ese es su deseo. Pero basta con que algún exasperado como él (el desquicio no es sólo suyo) desfogue sus perturbaciones con vehemencia para buscar hacer con ello un tsunami. ¡Oh, pobre Yago, tu vida depende de Otelo!

Decimos que lanza mentiras, y decimos también odio. Lo de Ceriani pasa de ser viveza de genio o intemperancia. Por eso ni siquiera puede nombrar a su “archienemigo”, y dice simplemente “el obispo de Kent”. Los judíos tampoco nombran a Jesús, por el odio que le tienen. Quizás haya entrado ya al séptimo grado del Fariseísmo, que supo describir Castellani. Pero ¡ay! que hace obra mala sin recibir a cambio nada: ni siquiera el incienso que ambiciona, pues es claro que la pedantería se da bien con “Hamwell” o los Oscars de Hollywood, pero no con la vida religiosa. ¿Quién no lo sabe? Pero ¿qué alma atormentada subyace en el afán de convertir un espacio periodístico católico en un sitio tabernario y sañudo, procaz y maldiciente, sectario y vengativo? Señores: eso es obra del diablo. Pobres de aquellos que le dan su mano.

  
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