“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

lunes, 4 de mayo de 2015

Don Nicolás




El vencido inspira siempre simpatía, porque al fin y al cabo normalmente sólo pierde el que se niega a cometer tal o cual bellaquería.


Sólo podemos edificar instalándonos en la derrota. El suelo de la victoria es deleznable y precario.


Sólo debemos consagrarnos a causas que la derrota dejaría intactas.


No todos los vencidos son decentes, pero todos los decentes resultan vencidos.


Los reformadores de la sociedad actual se empeñan en decorar los camarotes de un barco que naufraga.


El mundo moderno no es una calamidad definitiva. Existen depósitos clandestinos de armas.


La civilización se derrumba cuando su éxito insinúa que sobran las virtudes que la afianzan.


Lo amenazante del aparato técnico es que pueda utilizarlo el que no tiene la capacidad intelectual del que lo inventa.


Dos seres inspiran hoy particular conmiseración: el político burgués que la historia pacientemente acorrala y el filósofo marxista que la historia pacientemente refuta.


EL diablo elige, en cada siglo, un demonio distinto para tentar la Iglesia. El actual es singularmente sutil.
La angustia de la Iglesia ante la miseria de las muchedumbres oscurece su conciencia de Dios.

La Iglesia cae en la más astuciosa de las tentaciones: la tentación de la caridad.


SER joven es temer que nos crean estúpidos; madurar es temer serlo.


LA opinión del joven no revela lo que piensa, sino a quién ha leído.


EL mal, como los ojos, no se ve a sí mismo. Que tiemble el que se vea inocente.


Nicolás Gómez Dávila



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