“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

jueves, 25 de junio de 2015

Ilusión diabólica



Imagen de la película Nightmare Alley o “El callejón de las almas perdidas”.


Una Radio del mundo moderno

“No es cuestión de números…pero”, pero claro, sí que lo es, y mucho. Al igual que los holocaustofabulistas, acostumbrados a inflar cifras y exhibir grandes números; al igual que neo-fraternitarios, acostumbrados a exhibir expresivas estadísticas numéricas con todo lujo de detalles; los de Radio Cerianidad también son parte del embrujo moderno del “Reino de la cantidad y signo de los tiempos” en expresión de otro que cayó bajo los embrujos, en este caso de la Masonería.

Curiosamente tanto unos como otros, neo-fraternitarios y radioceriánicos, exponen números muy caros a la Kábalah judía y a la Masonería. Seis millones por un lado y once millones por el otro. Para quien quiera conocer más del sentido simbólico-esotérico del número 11 que lea los libros de Mons. León Meurin sobre la Masonería. Curiosamente la Radio alcanza las 11 millones de “presencias” un día 22… En fin, creamos en las casualidades, a veces lo son. No nos entretengamos más y vayamos a lo verdaderamente importante de todo esto.

Fariseos

Los Fariseos también se fijaban en los números. Y los inflaban a más no poder. Distinguían 613 mandamientos, 248 preceptos y 365 prohibiciones. Y como enseñó Nuestro Señor: “Todas sus obras las hacen con el fin de ser vistos de los hombres; por lo mismo, llevan las filacterias más anchas, y más largas las franjas. Quieren también los primeros asientos en los banquetes, y las primeras sillas en las sinagogas, y ser saludados en la plaza, y que los hombres les den el título de maestros” (Mt. 23, 2-7).

Del mismo modo los fariseos radiales con su estilo sensacionalista alargan sus entradas, extienden sus citas, multiplican sus entradas, buscan los primeros sitios entre los “resistentes”, el primer sitio en “popularidad” y desean ser llamados “maestros” y “devotos”. Así también orgullosos ostentan sus cifras: 1.000.000, 2.000.000. 4.000.000, 6.000.000, 7.000.000, 10.000.000 y 11.000.000…

Ilusión diabólica

Dice este triunfal artículo radial: Radio Cristiandad es considerado el sitio de la verdadera Tradición Católica en idioma español más conocido, visitado y apreciado de todo el orbe.

Con la lectura de las estadísticas que publican, efectivamente se puede decir que son el sitio tradicionalista (lato sensu) en español más conocido y visitado. Pero de ahí a que sea, por esto, el más apreciado (valorado, estimado, querido o amado) hay un gran trecho.

Supongamos que en algún lugar se exhiba a un hombre con tres cabezas (o cuatro, bah) o un fenómeno semejante, y que muchos vayan a verlo, de modo que el desgraciado llegue a ser el hombre más conocido y visitado del mundo. ¿Por eso mismo debe considerarse el más “apreciado”?

Como el fenómeno (freak), la Radio Cerianidad es visitada, principalmente, porque representa una línea de pensamiento “católico” extremo, desviado, violento. Lo demás es pura ilusión diabólica.

Por otra parte, once millones de visitas (suponiendo que no cuenten las propias) no significa once millones de personas, ni siquiera de lectores. Cualquiera sabe, además, que miles de personas ingresan de casualidad, buscando seguramente una imagen que necesitan para su propio blog, entonces el ingreso es efímero como un bostezo, pues un habitante de Nueva Guinea que no habla español simplemente mira las figuritas que aparecen y luego “cambia de canal”. Así que hacer aspavientos por “la cantidad” es hacer como Cristina Kirchner que alardea del “54%” de los votos, donde suman desde el militante convencido hasta el que hizo “ta-te-ti” en el cuarto oscuro…

Y si vamos al aspecto noticioso o informativo propiamente dicho de la Radio, hace mucho tiempo que fue superado por el blog Non Possumus, al que envidiosamente llaman “Los Impotentes”, como se ha visto recientemente en la repercusión mundial de la noticia del nombramiento de Juez de Mons. Felé por parte de la iglesia conciliar, primicia que la Radio no sólo no tuvo sino que motivó sus iras, o por lo menos la de uno de sus “columnistas” más revulsivos. En legítima defensa, Non Possumus demostró que esa su propia producción periodística fue propalada mundialmente sin el debido reconocimiento a su labor. Pero está claro que es mayor espacio de referencia que la mencionada Radio. Ya nadie se entera de nada recurriendo a ésta, por eso han crecido tanto en la consideración general los por ellos llamados “Impotentes”.

Ah, pero tanto la Radio como la Neo-Frater (y Francisco y sus multitudes) hablan de millones…

Pero, la verdad ¿es pasión de multitudes?

Por cierto, si como afirma la Radio: “Como decimos en el título de este artículo, no es cuestión de números, que sólo son relativos; aunque en orden al apostolado, sí es importante que sean más las personas que ingresen a participar del acervo moral y doctrinal que ponemos a disposición de nuestros lectores” ¿cómo es que desde hace por lo menos cinco años no tienen más que un puñado de feligreses los curas de allí, y no extienden su apostolado a otras ciudades y países, e incluso un Padre colombiano (que goza de “jurisdicción sobrenatural profética”) se queja de que son un grupo “solito” en la “inhóspita trinchera”? Eso significa que los millones no hacen efectivo ese seguimiento, o que tal vez no los entiendan. Quizás ocurra tal cosa porque “los frutos que permanecen no son los de un apostolado efectista y ruidoso”, como dice Mons. Straubinger. O en palabras de San Francisco de Sales: “El bien no hace ruido y el ruido no hace bien”.

La verdad

La mentira apasiona a millones, la verdad, a pocos… Dice Mons. Straubinger: “Los discípulos de Jesús, que hablan en nombre de Él, son escuchados por pocos, como pocos fueron los que escucharon a Jesús, el cual hablaba en nombre del Padre” (Nota a Juan 5,43). Contrariamente a las compadreadas de los que figuran allí, que llaman a “contender” para ver quién es más sabio, más tradicionalista, más resistente y más duro; el apóstol y profeta de Dios “no contenderá con nadie, no voceará, ni oirá ninguno su voz en las plazas” (Mt. 12, 18-21). Predicará a Dios procurando llevar la verdad a todas las almas, pero sabiendo que la forma de hacerlo tiene su importancia, y ésta deriva de su comprensión de que nuestro propio concepto de la santidad “esconde tal vez esa espantosa soberbia por la cual Satanás nos lleva a querer ser gigantes, en vez de ser niños como quiere Jesús” (Mons. Straubinger, sobre Gál. 5,17). Los que quieren santificarse por su propia cuenta, y vociferando son escuchados por millones, son quienes terminan escandalizándose de Jesús, pues al revelar Nuestro Señor la sencillez y bondad de su Padre, como la suya, deja “por ese solo hecho tremendamente condenada y confundida la soberbia de cuantos se creían sabios o virtuosos” (Mons. St. Lc. 7, 23). Así se tornan éstos en perseguidores de quienes no “reconocen” tales “virtudes” de super-tradis, de impecabilidad e integridad superiores.

La mentira

Hemos mostrado con bastante claridad (hacemos lo que podemos) en este blog muchas de las mentiras e imposturas de la Radio, de su “acervo moral”, como así también de la otra cara de la moneda, los sectores más liberales de la Neo-FSSPX. La coincidencia más notoria en ambos es la de tender a defender más que la Fe o la Iglesia, “sus propios intereses sectoriales”, como dice un comentarista de un blog fellecista, predicándose a sí mismos. Predicar es sinónimo de alabar a Dios (cfr. Mons. Straubinger, nota a Tob. 12,7). En la alabanza propia o de la propia congregación o grupo, se empieza a caer en la idolatría, en la necedad y la perversión del corazón. ¡Cuidado! Que el combate fragoroso no nos impida temer la caída en la hipocresía. A Dios le importa el espíritu con que obramos, no la grandeza o cantidad de nuestras obras. Porque nosotros sólo podemos ser pequeños y toda verdadera grandeza procede de Él, pues si somos como niños Él se encargará de hacernos gigantes, puesto que la santidad es un don de su Espíritu (cfr. Mons. Straubinger, nota a Lc. 16,10).

Y en este ser como niños van de suyo nuestras imperfecciones, y también nuestras humoradas, que aquellos que se creen “adultos”, o sea “grandes” y “serios”, nos endilgan como venidos de un “Incontinente risueño”. Como dijo el padre Castellani, Kirkegord “dispuso de muchas pequeñas alegrías; y una dellas aunque pequeña muy viva era el hacer chistes acerca de los hegelianos”. Pero los pobres hegelianos (o fellecistas, liberales y farisaicos) nada saben del humor verdadero, pues éste es “un privilegio del pensamiento realista”, como escribió el Padre Ezcurra. Y la realidad no puede ser percibida por los soberbios, porque cuando somos soberbios somos tributarios del Maligno, incapaz de ver que es “el simio de Dios”.  “La Edad Media tomaba muy en serio al Adversario. Pero también sabía burlarlo y burlarse de su jeta siniestra y deforme”.

  
Aplausos entusiastas para la Radio.

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