“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

viernes, 10 de julio de 2015

Rencor


Dos blogueros felecistas. Es lo que hay.


“Rencor, mi viejo rencor…” cantaba el recordado oriental Julio Sosa. Pues parece que ese “canto” otrora habitual en la Radio se ha instalado ahora también en los blogueros neo-fraternitarios, como música exclusiva de sus “artículos” referidos a la Resistencia.

Así se deja ver en un profundísimo "artículo" que demuestra que “aunque la mona se vista de seda, mona queda”. Pues ni son serios, ni dan información, ni son graciosos, ni son irónicos, como quizás lo pretendan. Más bien desnudan su indigencia intelectual y falta de honestidad (la calumnia es un viejo recurso de los liberales y modernistas), pues lo único que atinan a hacer para intentar golpear (no para desmentir o refutar) a la Resistencia es recurrir a una afirmación de Mons. Williamson del año 1987 (hace 28 años) cuando éste sustentaba la misma posición que Mons. Lefebvre, que luego rectificó y conociendo mucho mejor quiénes eran los que estaban en Roma sentó su posición definitiva: ningún acuerdo canónico con Roma mientras ésta no abandonara el modernismo y regresara a la Tradición. Esta posición es la que sigue sosteniendo a la fecha Mons. Williamson, y es la que abandonó la Neo-FSSPX.

En cambio, ninguno de los fans neo-fraternitarios habla de las recientísimas y gravísimas declaraciones de Mons. Fellay, donde este se congratula al coincidir con la opinión del cardenal Sarah de establecer un nuevo rito bastardo que combine o fusione la misa tradicional y el novus ordo, pues “las dos formas litúrgicas se iluminan mutuamente, en continuidad y sin oposición”, como declaró el cardenal africano.

En este caso, hay que decir que los dos blogueros felecistas “se iluminan mutuamente, en continuidad y sin oposición” para caminar más fácil y dócilmente juntos al acuerdo con la Roma modernista, para abrazar todas las desgracias que ello les ha de traer. Entonces quizás, ya dentro de la secta conciliar, se acuerden del odiado “simio” resistente y sus advertencias, y no les quedará más que volver a entonar, sin la potencia y prestancia de un Julio Sosa, y quizás con mayor amargura: “Rencor, mi viejo rencor…”

  
La Honda de David. Muy buena para huir rápidamente de la realidad.


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