“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

miércoles, 29 de julio de 2015

Tan farisaicos como siempre



La Radio baila la música que quiere el Diablo.



Los acusadores seriales y condenadores farisaicos que “Todo lo Pueden” (es decir, que se dan a sí mismos el derecho de difamar, mentir, insultar, crear discordia y maldecir, todo esto lo hemos demostrado en nuestro blog) embarran la cancha por no tener nada inteligente con que refutar un artículo reciente de Non Possumus que los ha dejado descolocados, y entonces la emprenden con una serie de improperios –por lo menos uno por párrafo- que van pautando la reacción histérica lanzada para no quedar sin nada que decir. Pero es precisamente ese “beat” que conforma su pieza lo que demuestra la falta de gallardía para discutir con altura algo que legítimamente se puede discutir, cayendo en cambio en el bramido tribunero, confundiendo además las cosas (por ejemplo, los conceptos de traducción y sinónimo, que son cosas diferentes).  

Así el fruto radial desfoga su tirria contra el blog Non Possumus llamándolo en su corto artículo de la siguiente manera:

Los Impotentes
Los Autodesapoderados
Los Incapaces
Sitio No podemos
Sitio Nadapoderoso
Los Automaniatados
Los Desfuerzados
Los-Que-No-Pueden
Los Desvigorizados

Como el ateo que se emplea en negar la existencia de Dios, en combatir la creencia en Dios, en perseguir a los que creen en Dios, no hace más que demostrar la existencia de Dios –de otro modo, no se esforzaría por combatir a quien no existe-, la Radio Cristiandad no hace otra cosa más que ocuparse de los impotentes, de atacar a los desvigorizados, de combatir a los que no pueden. Ahora bien, el hecho de que dediquen tanto tiempo y espacio de su Radio a “los que no pueden”, significa exactamente lo contrario, significa que aquellos sí pueden, porque ¿a qué emplearse sino tan “poderosa” Radio con tan inútiles contrincantes?

¿No será que, como aquel que alardea constantemente de una virtud que no posee (¡oh, esos machotes que pregonan su virilidad!), aquí estos achacan constantemente al otro aquello que ellos padecen? Si es así, ¿cuál sería la impotencia de esta gente? Voilà: esta gente no puede aguantar que Non Possumus le haya quitado el espacio preponderante y único entre los sitios de la Tradición en Internet. Esta gente no puede impedir que Non Possumus siga difundiendo las noticias y excelentes artículos de una Resistencia a la que aquellos se niegan a pertenecer (¡oh, no es tan friki como nos gustaría!). Esta gente no puede sufrir el ser segundos, terceros o cuartos en la difusión de determinadas noticias o primicias del ambiente tradi.

Desde luego que no consideramos a estos personajes inofensivos, sino sumamente nocivos en su difusión de una desorientación diabólica que puede ser contagiosa en espíritus rudimentarios, infatuados o con ansias de singularidad. Otro ejemplo de la perturbación espiritual (y psiquiátrica) que en tal lugar encuentra refugio, para desde allí lanzar sus bocanadas de violencia verbal, lo tenemos en el último sermón gritado por el P. Méramo (Padre Basilio para los amigos). Este pobre hombre se encierra cada vez más en el personaje que se ha fabricado y para no ser un “sacerdote de cachetitos rosados” (como los que salen ahora de la factoría de la Neo-FSSPX, según indica), cree que por el contrario el sacerdote debe ser un ogro que lanza improperios a diestra y siniestra, bramar constantemente y burlarse de los demás. Así utiliza un sermón para burlarse del acento de un obispo, para mofarse de las características físicas de un sacerdote, y finalmente para maldecir una y otra vez a Mons. Fellay. Esto es sumamente grave, pues una cosa es la crítica, la ironía, el sarcasmo, el golpear a los enemigos con cierta dosis de pimienta. Pero otra cosa es maldecir a alguien, un pecado mucho más grave en boca de un sacerdote y más aún dentro de un sermón, porque así los fieles que lo escuchan se creen con derecho a hacer lo mismo. Y el exabrupto se repite en un tono que manifiesta ya no justa indignación, sino verdadero odio.


Recordamos algo que ya publicamos acá, sobre este tema:

“No siendo lícito desear el mal al enemigo, tampoco lo es maldecirle. La maldición es, de suyo, pecado mortal contra la caridad, a la que se opone directamente. Sin embargo, en la práctica, muchas veces no pasa de pecado venial, ya sea por parvedad de materia o por imperfección del acto. Con frecuencia esas maldiciones son efecto de una ira momentánea y no se dicen ni desean en serio. No obstante, es obligatorio abstenerse de ellas y corregir con energía esa mala costumbre, por razón del escándalo y de otros muchos inconvenientes que llevan consigo. Volveremos sobre esto al explicar el octavo mandamiento del decálogo (cf. n.823-24).”
(TEOLOGÍA MORAL PARA SEGLARES. MORAL FUNDAMENTAL Y ESPECIAL Por el Rvdo. P. Antonio Royo Marín, O.P.)

Enseña San Isidoro de Sevilla que “los vicios, no los hombres, han de ser odiados”, pues “los que se disocian de la caridad, se alejan del reino de Dios”.  También escribió en sus Sentencias el magno Doctor de la Iglesia: “Hay una perversa imitación de arrogantes sacerdotes por la que imitan a los santos en el rigor de la disciplina y desdeñan seguirlos en el afecto de la caridad: quieren parecer rígidos por la severidad y no quieren dar ejemplo de humildad, para ser tenidos más como terribles, que como mansos y afables”. Mucho nos tememos que el caso que estamos reseñando involucra no sólo al sacerdote mentado, sino que tal empedernida actitud puede esparcirse en otros sacerdotes que juegan a ese juego insensato, en estos tiempos de desorientación diabólica.


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