“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

lunes, 16 de noviembre de 2015

Democacaracia




“El “sufragio universal” es una farsa porque desde su comienzo alimentó en su seno un sofisma: la “soberanía del pueblo”, que es hoy el gobierno de los marrulleros y los charlatanes.
O sea, la soberanía del Anonimato, la Irresponsabilidad, las Elecciones, el Dinero y...el Extranjero. Vean la muy voceada “Libertad de Prensa”; en ella se ha concretado la “Libertad de expresión”, una de las “Libertades de perdición”, que dijo Pío IX: cuanto más hablan della, menos existe. Será tonto por demás un presidentito destos para dejar que un cagatinta anónimo le discuta o condene una medida suya; allá va el secuestro de una edición, o la suspensión del diario o simplemente la supresión. Por tanto se guardan muy bien de ofender al tiranuelo de turno. Tienen libertad para hablar contra Dios, pero no para pintar bigotes de foca a un Testa Hinchada No Coronada.
En ningún momento del mundo ha habido menos libertad que ahora; y eso que la mayoría de los Estados de hoy han nacido a los gritos de “Libertad, Libertad, Libertad”; y lo siguen cantando”.

R. P. Leonardo castellani, Seis ensayos y tres cartas, Págs. 141/42 y nota.


“La humanidad, bajo el mito del sufragio universal, resulta prisionera moral de ese mito y sierva físicamente de sus consecuencias. Porque a nadie le es posible sustraerse al dogma de la soberanía, se puede votar en contra del candidato popular adverso, mas el voto contra el sistema, que es lo que importa, no tiene alcance práctico. ¿Qué derechos tiene el elector que no quiere a ningún candidato porque todos le parecen funestos? La papeleta en blanco, que es la sumisión, con manos atadas, a los mismos que detesta. Aunque la mayoría de los electores deteste a todos los elegidos -como viene a suceder en la España de hoy-, es forzoso aguantar la soberanía de los repudiados. No hay razón de bien público que abone el despotismo de los partidos dominantes, pero no importa. Basta que el dogma del sufragio, casado con la farsa electoral -trama caciquil y música demagógica, les hayan hecho soberanos. Su "poder constituyente" lo puede todo. Creemos que hasta hacer de los hombres mujeres y de las mujeres hombres...


Onésimo Redondo. Libertad, núm. 17, 5 de octubre de 1931.

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