“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

lunes, 28 de octubre de 2013

Resistencia civil




Abstención Patriótica y resistencia Civil

Por Santiago Roque Alonso
(Patria Argentina N° 213, Agosto 2005)

Una vez más el pueblo argentino es obligado a optar por una nueva, aunque reiterada farsa electoral. Desde 1995, año en que iniciamos la campaña sistemática de negarnos a votar o impugnar el voto -o eventualmente a votar en blanco- la situación nacional fue agravándose progresivamente.
Quienes nos han seguido a lo largo de estos años tienen conciencia del “inventario de males”, materiales y espírituales, que el Sistema o Régimen de dominación ha ido produciendo en la sociedad nacional y que pacientemente hemos ido registrando y actualizando en cada farsa electoral, las que nos resignamos a no repetirlas en esta oportunidad, por apreciar que todos las sufrimos.
Sin embargo, no podemos dejar de señalar que lo relativamente nuevo, en la farsa electoral en curso y que culminará el 24 de octubre próximo (2005), es la desembozada e indisimulable lucha por el poder que se desarrolla dentro del peronismo -siempre que no haya un arreglo o no se trata de una falsa división para capturar más cargos electivos- vaciada completamente de ideas. Como nunca en su “historia democrá­tica", el país estará obligado a servir -legalizando y legitimando con la su­puesta elección- los fines privados de dos bandas que luchan por el poder, pero por el poder mismo, el poder a secas.

La Abstención Patriótica, una forma de Resistencia Civil

Los Centros Cívicos Patrióticos, a través de nuestra pro­puesta de “Abstención Patriótica”, hemos sido los precursores de este modo de Resistencia Civil contra la “entrega- de la Nación y contra los que nos “roban el país"': la “partidocracia” o el “contubernio político” o la “asociación ilícita” constituida por liberales, peronistas, radicales, cavallistas, procesistas, izquierdistas, progresistas, marxistas, provincia­les, e idiotas útiles de variado pela­je, etcétera.
En las últimas décadas hemos sido los primeros y casi los únicos que con­cebimos la Abstención Patriótica como un método de repudio, de pro­testa y de Resistencia Civil contra la partidocracia, los políticos y la oligar­quía política -oficialistas y opositores- verdaderos socios en la entrega del país y en haber llevado a la Nación a una situación espiritualmente indigna y materialmente insoportable.
Pregúntese con nosotros ¿Quiénes son los autores de tamaña tragedia-desastre de la Nación Argentina? La respuesta no ofrece dudas: los que ejer­cieron y ejercen el poder. Frente a esta realidad, en donde nada ha cambiado y tampoco nadie se ha ido, usted cree:
• ¿Que se puede seguir votando, dándole continuidad legal y le­gitimidad al mismo y único sis­tema o modelo político que fue la causa y favoreció nuestra rui­na como Nación?
• ¿Que los mismos que fueron y son responsables directos o indirec­tos de nuestra catástrofe nacional, pueden ser los mismos que nos saquen de esta situación?
Obviamente, con un mínimo de sentido común, tanto sus respuestas como las nuestras deben ser NO.
Por lo tanto, si este razonamiento es verdadero, no hay otro camino ló­gico y coherente que la ABSTEN­CIÓN PATRIÓTICA, porque el RE­GIMEN o SISTEMA de DOMINA­CION es incorregible, ya que sus personeros e instrumentos carecen del más mínimo sentido crítico sobre sus actos y porque tampoco se irán si no se los hecha. Para que esto último ocurra, es imprescindible quitarle absolutamente toda la legitimidad y con ello se le estará quitando el poder.

La incoherencia e inutilidad de votar por el “mal menor” o el llamado “voto útil”

Es probable que muchos objeten la ABSTENCIÓN, particularmente los católicos liberales, los que se atan al precepto de que el católico jamás debe abstenerse de votar, hasta el extremo de votar por el mal menor.
Es inútil repetir las razones por las cuales todo católico hábil está moral­mente obligado a actuar en política. Nada de ello se cuestiona y todo sigue en pie. Lo mismo vale la obligación de intervenir, aunque sea en apoyo del mal menor, si con eso se evita un mal mayor, en condiciones normales.
Lo que ocurre en la actual situa­ción argentina, es que no se ajusta de manera alguna, a lo que pueden con­siderarse condiciones normales y en las cuales habría que elegir entre di­versas candidaturas mejores y peores.
Mal menor sería votar a un tonto bueno, para evitar a un genio del mal. No se trata de elegir, entre dos vene­nos, el más dulce. El SISTEMA o RE­GIMEN está ideado para que, entre diversos candidatos -mejores y peores en lo personal-, siempre el que salie­re electo deba ejecutar el plan peor, el mal mayor, la voluntad del Poder del Dinero y de la plutocracia internacio­nal.
La doctrina del mal menor no tie­ne aplicación aquí, como no la tiene en la eutanasia. ¿Quién dice que de­bemos apuñalar la Patria para evitar que los malos la guillotinen? En estas condiciones, votar es hacer un daño; es consentir con el sistema, hacerse cómplice; ya sea que gane Juan o Pe­dro, es hacerse socio de un daño al bien común de la Nación.
Votar, en estas circunstancias, guia­do por el precepto del “mal menor” o del “voto útil” no es otra cosa que una “cooperación activa al mal”. Es como ayudar en un aborto, colabo­rando para descuartizar la Patria. Emitir el voto, es convalidar a un can­didato elegido realmente por el poder financiero internacional, como ha su­cedido siempre, por lo menos desde Sarmiento para acá. ¿Dónde fue ele­gido Sarmiento? En los Estados Uni­dos. ¿Quién lo eligió? La masonería que es un apéndice y trabaja para los banqueros.
En síntesis, negarse a votar, no votar, abstenerse (en el peor de los casos impugnar el voto o votar en blanco), es rehusarse a participar en el engaño y en la mentira, una paya­sada en la que se finge y alienta la posibilidad de un cambio para que nada cambie.
La ABSTENCIÓN es un acto pa­triótico y profundamente nacional. El REGIMEN o SISTEMA de dominación debe morir para que la Patria Viva y hay que ayudarlo a que lo haga cuan­to antes, porque de lo contrario termi­nará arrastrando a la muerte, no sólo al Estado sino, también, a la sociedad Argentina y a cada uno de nosotros. Es el camino para construir un PO­DER que hoy no tenemos -como lo hizo en su momento histórico y con otra finalidad Hipólito Irigoyen o con el voto en blanco la Resistencia Pero­nista. La gran diferencia es que ahora lo debemos hacer -no por razones par­tidarias o por liderazgos personales- sino detrás de un objetivo tremendamente superior: RECONQUISTAR NUESTRA INDEPENDENCIA; esa misma que regalamos graciosamente como un bien de difunto, subyugados por los cantos de sirenas de la “democracia” y de la ilusa pertenencia al primer mundo y a una globalización que nos ha transformado en esclavos.

Nada con el REGIMEN ni dentro del SISTEMA.
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