“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

viernes, 7 de agosto de 2015

Darwinismo radial




El hombre escandalizado que se ha rasgado las vestiduras, ha hecho tronar su voz sapiencial y justiciera, en una serie de artículos fulminantes (de fondo) que desde su atalaya invencible ha lanzado cual saetas sobre “el obispo de Kent”.

¡Ay!, pero una vez más el P. Ceriani fracasa en su supuesta defensa de la verdad. Ceriani fracasa porque su larga exposición no le sirve para ilustrar a los ignorantes, pues escribe mal y no puede hacer comprensible para la mayoría de sus lectores un texto que vuelve recóndito y enmarañado. Fracasa porque no tiene poder de síntesis y necesita explayarse en una larga serie de artículos, en miles de palabras, en idas y vueltas infinitas que complican más un tema de por sí difícil. Fracasa porque es incapaz de adoptar un lenguaje más llano, simple, sin rispideces, pues su soberbia coloca ripios al mezclar la exposición científica objetiva con ironías, maltratos, burlas y apodos insultantes para humillar a sus enemigos. Ceriani fracasa porque hace de la verdad algo odioso y sólo cosa de “eruditos” como él. Un sabio tiene poder de síntesis y dominio del lenguaje, y aunque el tema sea difícil, es capaz de volcarlo en un estilo de mayor comprensión. Como los abstrusos filósofos alemanes tenían ese defecto, proveniente de su propio pensamiento, por no concebir claramente la verdad, la mirada de Ceriani es de algún modo la misma, pues en su orgullo no puede someterse del todo a la verdad, sino que ésta la somete a sí mismo para hacer de ella un medio para su propio lucimiento y así exponer su “superioridad” ante el enemigo contra quien compite. Hay allí un fracaso en la comprensión vital de la verdad, que lleva a manipularla para sus propios egoístas fines. Sin embargo…

Sin embargo puede ser que si la estrategia de Ceriani fue otra, entonces en algún sentido habrá tenido éxito. Un éxito contra la verdad, claro está. Pues parece probable que Ceriani se haya trazado esta estrategia para demoler a su enemigo (que por cierto tiene sus macanas y con ella contribuye a facilitarle la tarea a este hombre):

1.- Escribir en términos ininteligibles para el 90% de sus lectores,
2.- con el fin de que queden con la impresión de que Mons. Williamson ha dicho herejías tremendas,
3.- aunque Ceriani no afirma eso,
4.- pero él logra así la mayor eficacia difamatoria sin tener que mentir.

No nos vamos a poner a su altura porque intelectualmente somos pigmeos (impotentes, diría Ceriani), y no nos interesa discutir. Hay otros (blogs) que de manera más simple han dado pruebas de comprender mejor este enredado asunto. Pero solamente vamos a ver un punto que él reitera, el de acusar de “darwinismo teológico” a Mons. Williamson. Allá queden ellos si desean disputar o esclarecer tal asunto. Lo que sí vemos es que el propio Ceriani acusador es un darwinista y en más de un sentido. Podemos llamarle “darwinista social”, pues ha dado muestras de una postura radicalizada cuanto a dividir la Tradición entre seres superiores (como él) y seres inferiores a los que ni siquiera se digna nombrar, a los que sólo menciona mediante apodos, descalificativos o epítetos denigrativos. También puede ser llamado “darwinista teológico”, porque antes escribía contra el sedevacantismo ("Contra papólatras y papoclastas") y ahora con Francisco, de buenas a primeras y sin una buena fundamentación, se ha vuelto sedevacantista, echando por tierra todo lo anterior. Y también podría ser llamado “darwinista moral”, pues antes decía cosas como esta: Hay que evitar la tendencia enfermiza de ubicarse siempre en la posición más extrema. Esto es propio de los inspirados por el celo amargo”. (Entrevista en revista Iesus Christus, Julio/Agosto de 1990) y en cambio ahora se ha dejado llevar por esa posición que condenaba.

Dijo San Agustín: “Dios mira con mayor agrado acciones perjudiciales acompañadas de humildad, que obras buenas, llenas de soberbia”. Y San Gregorio de Nisa: “Un carro lleno de buenas obras, conducido por la soberbia, lleva al infierno; conducido por la humildad, aunque esté lleno de pecados, lleva al paraíso”. Y San Bernardo: “El pecador que elige la senda de la humildad, para seguir los pasos del Cordero, ha tomado un camino más seguro que el hombre que, siendo virgen, sigue los caminos del orgullo.  Porque al primero, su humildad lo purificará de sus manchas; mientras que al segundo, su soberbia le manchará la pureza”. Finalmente, como dijo el Apóstol Santiago: “Dios resiste a los soberbios”.
  

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...