“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

jueves, 13 de agosto de 2015

Escolios de Nicolás Gómez Dávila





—«El rango de nuestro adversario nos sitúa: ser vencedor o vencido es subalterno».


—«Hay argumentos que convencerían si vinieran insertos entre un tal vez y un quizás».


—«Las estupideces no mueren, pero es un deber desacreditarlas».


—«Cuidémonos de discrepar del que conoce mal un tema».


—«El fanático cree refutar una objeción declarándola trillada».


—«El demócrata defiende sus convicciones declarando obsoleto a quien lo impugna».


—«No hay vileza igual a la del que se apoya en virtudes del adversario para vencerlo».


—«La retórica de peor gusto es la del que renuncia a la trascendencia sin renunciar a su vocabulario».


—«La más grave acusación contra el mundo moderno es su arquitectura».


—«El lector contemporáneo sonríe cuando el cronista medieval habla de “paladines romanos”, pero se queda serio cuando el marxista diserta sobre la “burguesía griega” o el “feudalismo americano”».



—«La vulgaridad consiste, básicamente, en tutear a Platón o a Goethe».


—«Lo eficaz no es denunciar la vileza de lo vil, sino mostrar la nobleza de lo noble».


—«Educar es enseñar a apasionarse por lo que carece de vigencia».


—«La decadencia de una literatura empieza cuando sus lectores no saben escribir».


—«Ser joven es temer que nos crean estúpidos; madurar es temer serlo».


—«El primer paso de la sabiduría está en admitir, con buen humor, que nuestras ideas no tienen por qué interesar a nadie».



—«Los argumentos con que justificamos nuestra conducta suelen ser más estúpidos que nuestra conducta misma.
Es más llevadero ver vivir a los hombres que oírlos opinar».


—«La buena educación no es, finalmente, sino la manera como se expresa el respeto.
Siendo el respeto, a su vez, un sentimiento que la presencia de una superioridad admitida infunde, donde falten jerarquías, reales o ficticias pero acatadas, la buena educación perece.
La grosería es producto democrático».


—«Libertad es el término que más se emplea sin saber qué significa».


—«La libertad merece únicamente el respeto que merezca la actividad en la que se vierte».


—«La libertad auténtica consiste en poder adoptar un amo auténtico».


—«Ninguna obra, en ningún campo, es producto de la libertad.
Todas son consecuencias de yugos que la libertad acepta».


—«La dignidad del hombre no está en su libertad, está en la clase de restricciones a su voluntad que libremente acepte».


—«El precio de la libertad absoluta sería una vulgaridad sin límites».


—«La libertad de traicionar es la que el fanático de la libertad reclama con mayor ahínco».


—«El hombre de hoy es libre como el viajero perdido en el desierto».


—«El momento de mayor lucidez del hombre es aquel en que duda de la duda».


—«Las verdades no son relativas. Lo relativo son las opiniones sobre la verdad».


—«El relativismo es la solución del que es incapaz de poner las cosas en orden».


—«Donde se puede decir todo, todo se dice de cualquier manera; donde todo se diga de cualquier manera, no se está diciendo nada».


—«El relativista rara vez se relativiza a sí mismo».


—«El tonto no se contenta con violar una regla ética: pretende que su transgresión se convierta en regla nueva».


—«En un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora».


—«Hombre culto es aquel para quien nada carece de interés y casi todo de importancia».


—«Lo que distingue al hombre culto del inculto es su manera de ignorar».


—«La cultura es básicamente el código de los buenos modales de la inteligencia».


—«Las culturas se resecan cuando sus ingredientes religiosos se evaporan».


—«Frente a la pluralidad de civilizaciones y culturas, no debemos ser ni relativistas, ni absolutistas, sino jerarquizantes».




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