“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

lunes, 10 de agosto de 2015

Ridiculez



Síntesis frutal según la Radio de Manzano. A la izquierda, la Radio, impecable, brillosa, refulgente, pura. A la derecha, la manzana de la iglesia conciliar, la Neo-FSSPX, la Resistencia y todos los demás mortales.


Además de mentir, maldecir, difamar, escarnecer y acusar, entre otras bajezas, como ha sido demostrado ampliamente en este espacio, la Radio Fariseidad evita rebajarse, en su altura inconmensurable y su prístina pureza, a intentar meterse con los temas candentes que le conciernen y toca un blog como éste, alfeñique nada serio ni “potente” como lo es la Radio. Pero en su afán competidor, propio del orgulloso agitador cuya gigante figura ensotanada la arrastra, la Despechada cae sin darse cuenta en el ridículo, al exponer el “ridículo” ajeno.

Verdadera manzana radial.


¿Cómo es esto? Pues muy fácil: al descubrir un error o inadvertencia en su enemigo (que como cualquiera puede alguna vez caer o aparecer para algunos en el ridículo, ¿o nadie alguna vez en su vida hizo el ridículo? ¡Bendito sea Dios por ese ridículo que nos humilla e impide enorgullecernos!) la Radio vuelve a exhibir toda su aparatosidad lacerante para intentar demostrar, al buscar humillar a su oponente, que ella misma es TODO LO CONTRARIO, cosa que en ningún momento intentan hacer sus enemigos. Así, el que es altanero, altivo, hinchado, pedante, orgulloso, busca continuamente agradar a la opinión ajena, donde confirmar esa opinión que de sí mismo tiene,  por lo cual, prisionero de esta búsqueda insaciable, se torna… ridículo. Y es por eso que una cosa es caer en el ridículo –es decir, caer alguna vez en la opinión ajena por un error, una incongruencia o una extravagancia- y otra cosa es persistir en ese estado sin darse cuenta de ello, como ocurre con la Radio. De allí también, creemos, que alguien –en este caso, un grupo de personas influidos espiritualmente por un desviado que se ha cegado voluntariamente a verse tal cual es (para esto se requiere la humildad), no puede ser confrontado por nadie más que por Dios que en su misericordia ha de dar el golpe necesario –cuando ya los otros golpes más pequeños no han sido escuchados o advertidos- para corregir o castigar tal vicio o pecado. Se entiende entonces que no se dialogue o confronte con tal Radio Cerianidad de parte de los blogs a los que insistentemente aquella mueve la muleta creyéndose matador, cuando en realidad está cumpliendo el rol del toro que arremete una y otra vez, sin faena que lo haga lucir. Eso sí: si no habrá un limpio y magistral estoque sobre su lomo, habrá, seguramente, un golpe certero en el matadero, si insiste en provocar desde su encierro. Tiempo al tiempo.

Mientras tanto, déjennos un rato de rejoneo.





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