“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

miércoles, 20 de agosto de 2014

Glucosa alta



Lugares comunes de la imbecilidad:

Sobrecitos de azúcar “El continente”


=“A veces se nos pasa la vida mientras pensamos en como vivirla”.

¿Acaso no ocurre generalmente lo contrario, a saber: “A veces se nos pasa la vida mientras la vivimos sin pensar para qué vivimos”?


=”Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo convierte a uno en un pianista”.

Como tampoco, podría haber dicho el anónimo sabio azucarado, nos convertimos en paracaidistas por tener un paracaídas. Si tener hijos no lo convierte a uno en padre ¿en qué lo convierte? ¿Y cómo se obtienen esos hijos? En todo caso, el A.A. (autor anónimo o azucarado) debería aclarar la distinción entre ser padre y ejercer la paternidad con todas sus obligaciones adquiridas, y también reconocer que escribir aforismos de café no lo convierte a uno en filósofo.


=”No existen cosas imposibles, sólo hombres incapaces”.

¿En qué sentido lo dice, don A.A.? ¿En el de Cristo al afirmar “Todo es posible para el que cree”, es decir, para el que tiene fe en Él, o en el de que con que uno se proponga algo, será capaz de hacerlo? Al no completar el sentido de ese “escolio”, queda peligrosamente abierto a la mala interpretación. ¡Menos mal que tomo el café sin azúcar! (Ah, pero esta vez pedí café con leche).


=”Si no hubiera invierno, ¿quién le daría importancia a la primavera?”.

Es buena, pero tan obvia...


=”El modo de dar en el clavo es dar cien veces en la herradura”.

Bueno, creo que antes de llegar al número cien o el dueño de la herrería te habrá echado o el caballo cabrero te habrá pateado. “El modo de dar en el clavo es no darse en el dedo”.


=”Nadie prueba la profundidad del río con los dos pies”.

¡Tampoco con uno, me parece! “Nadie prueba el café con las dos orejas”.


=”Hay dos clases de personas. Las personas que hacen cosas y las personas que hablan de las personas que hacen cosas”.

Y las personas que hablan de las personas que hacen cosas se ganan la vida más fácilmente que las que hacen cosas. Escribir aforismos en el azúcar ¿será hacer una cosa?


=”La vida es la constante sorpresa de saber que existo”.

¿Y a mí qué? El verdadero aforismo es éste: “La vida es la constante sorpresa de saber que no sé nada, que nada soy y nada puedo por mí mismo, y que a pesar de eso Dios me ama”.


=Uno es dueño de lo que habla y esclavo de lo que dice”.

¿Uno es dueño de lo que habla o de lo que piensa? ¿Es uno dueño o esclavo? En este caso, anónimo glucosiento: “Uno es esclavo de lo que escribe”.


=”La vida no tiene sentido, hay que dárselo”.

El señor o señora -parece más bien señora gorda empachada de masitas- encontró el sentido de la vida: escribir aforismos en los sobrecitos de azúcar. ¡Bravo!


=”Los grandes incendios nacen de las chispas pequeñas”.

Pregúntenles a los que presenciaron el feroz bombardeo de Dresde, cómo se inició el incendio de la ciudad.


=”La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito”.

Corregir: “La confianza en sí mismo es el primer paso al infierno”. O a Hanwell, como decía Chesterton (al manicomio).


=”Amor consiste en encontrar en la felicidad del otro la propia felicidad”.

Correcto. Pero le faltó la segunda parte: “Aunque por ello uno deba sufrir en silencio”. Ahora bien, señor/a azuquita ¿Cómo define la felicidad?


=”A todos nos gustaría haber sabido todo antes”.

Sin objeciones. Pero, sin embargo, ¿qué es lo que sabes ahora?


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