“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

miércoles, 11 de marzo de 2015

Aforismos morales





Todos tenemos muchísima paciencia para soportar las penas ajenas.
(La Rochefoucauld.)

Existen muchísimas razones de por qué los otros tienen que tener paciencia.
(L. C.)

El mayor ridículo de una persona vieja que ha sido atrayente es olvidar que ya no lo es.
(La Rochefoucauld.)

No  es lo mismo saber que uno es viejo que saber que uno ya no es joven.
(L. C.)

Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la faz del mundo hubiera cambiado.
(Pascal.)


Esas grandes y ruidosas acciones que deslumbran los ojos son pre­sentadas por los políticos como efectos de sus grandes desig­nios, siendo empero, de ordinario, efectos del humor o de las pasiones. Así la guerra entre Antonio y Augusto, que se atri­buye a la ambición de ser dueños del mundo, fue un efecto de los celos. (La Rochefoucauld.) (No es incompatible uno con otro.)

No  hay cosa más extrema que la audacia de un tímido.

La  filosofía triunfa fácilmente de los males pasados y los males por venir: los presentes triunfan de ella.
(La Rochefoucauld)

Ni el sol ni la muerte se pueden mirar fijo.

Todos se quejan de su falta de memoria; ninguno de su falta de talento.

Los celos son una envidia justa; la envidia son celos inicuos.
(L. C.)

Nos quejamos de que una persona nos odia cuando no nos quiere tanto como necesitamos. (L. C.)


Es gran bien tener la felicidad barata.

Hablas son hembras, hechos son varones.

La voz de la conciencia es una voz poco clara. (P. Roberto.)

No hay ningún majadero que sea bueno.

Sólo se perdona mientras se ama.

La segunda cosa valiosa que hay en el mundo es hacerse querer; la primera es querer.

Yo no quiero que me alaben sino que me comprendan; no me interesa lo que fulano dice de mí, sino lo que piensa de mí.

Para perder el tiempo hay tres cosas: arar un río, dar consejos a la tormenta y discutir con el que sólo escucha a sí mismo.

Emborracharse de cualquier cosa más de siete días seguidos es peligroso.

El único amigo que nunca me traicionó fue el enemigo de mi enemigo.

En este mundo enemigo
De nadie hemos de fiar,
Cada cual mire por sigo,
Yo por migo y tú por tigo,
Y procurarse salvar.

No basta tener talento; hay que tener permiso de tener talento.

El dinero no es la felicidad; pero es lo que más se le parece.

Las cosas mejor repartidas del mundo son el talento y los impuestos: nadie se queja de falta de ellos.

Los gobiernos nos hacen demasiado bien cuando no nos hacen ningún daño.

Cuando uno rechaza una alabanza, es que quiere que lo alaben dos veces.

Hay matrimonios buenos y matrimonios malos; pero no hay matrimonios deliciosos.

No hay que tratar de aplacar a los envidiosos: la envidia es más irreconciliable que el odio.
(L. C.)

El mal que hacemos nos atrae menos persecución que nuestras buenas cualidades.

El que tiene sentido común sabe mucho.

Hay tontos que tienen ingenio, pero no hay tontos con juicio.

Un hombre que está siempre enfermo y se encuentra resfriado después de haber comido un durazno, no faltarán sus amigos de decirle que él tiene la culpa.

En la adversidad de nuestros mejores amigos siempre hay algo que no nos desagrada del todo. (La Rochefoucauld.)

Verdadero amor hay poco; pero verdadera amistad hay menos.

Las mujeres vencen más fácilmente la pasión que la coquetería.

La pasión vuelve loco al hombre más hábil y vuelve hábiles a muchos tontos.

El mundo recompensa casi siempre las apariencias del mérito más que el mérito mismo.

No hay gente más amiga de apresurar a los demás que los perezosos.

Cuando nos faltan todas las razones de vivir, queda siempre una razón de vivir: embromar al prójimo.



Leonardo Castellani, en “Elementos de Metafísica”, Ediciones Penca, Bs. As., 1977.

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