“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

domingo, 21 de septiembre de 2014

El sabor del encuentro




Cittá del Vaticano / Preston Gómez y Gamez, Diario del Pueblo.

Se ha producido al fin el anunciado encuentro –tercero- entre la Virreina Cretina y Don Peronio en el Vaticano. En un clima de cordialidad y simpatía, sin oropeles carnavalescos ni aristocráticos, Cretina y Peronio se dieron la mano y besaron sus mejillas antes y después del almuerzo pactado. Más que un saludo de mandatarios pareció un saludo entre “compañero” y “compañera”, si se nos permite la expresión.


La compañera Cretina, más conocida como “La Viuda Negra”, ofrendó varios regalitos a Jorge Mario Lampeduzza (Peronio). Entre ellos una insigne parla-pintura de la “Neo-Virgen desatanudos”, que Peronio recibió complacido. Éste, fiel a su estilo, le dijo en un momento a Cretina, rememorando al Gran Líder, que no sacara los pies del plato, quizá en relación a la cuestión del default y la conformidad con que debe “honrar sus deudas”, es decir las deudas ilegítimas de la Argentina. A lo que Cretina habría asentido mientras dejaba sus manos en el plato de verduras al vapor que le habían servido.


Luego Peronio recordó, como lo hiciera su maestro, que el trabajo es la suprema dignidad del hombre. En la comunidad argentina no existe más que una sola clase de hombres: la de los que trabajan. Todos estuvieron de acuerdo, por supuesto.
Respecto del Movimiento Vital Católico, recibió un nuevo impulso cuando el prócer-mártir Mugica entró en la conversación. A todos les es muy cara y muy útil la figura del prócer-mártir guevillero. No hay dudas de que se reedita lo mejor de la historia pretérita, inclusive cuando Peronio recibió de las manos alborozadas de un joven Radicha destacadísimos tomos de Raúl Alfoncínico y del “Nunca menos de treinta mil” (más conocido como “Nunca más”).


El dirigente Cuervo de La Cámpora, por otra parte, rememoró con Peronio aquellos años de plomo, donde Lampeduzza gozó del fervor camporístico idealizado por los cristianos del pueblo liberado, que ahora recoge sus frutos.
Luego del frugal y sonoro almuerzo, la comitiva Cretinística salió dicharachera con rumbo al hotel 100 estrellas que los esperaba por una noche más, y al día siguiente partirían para New York City. Pero esa es otra crónica, amigas y amigos.

  

  
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