“Vivamos la milicia del cristianismo con buen humor

de guerrillero, no con hosquedad de guarnición sitiada”.

Nicolás Gómez Dávila

“Estoy inaugurando en la Argentina la literatura anticlericalosa. En todos los países católicos existe y aquí es una vergüenza. Los eclesiásticos, como toda sociedad humana, tienen sus defectos, abusos y ridiculeces y si no existe un contraveneno, el córrigo-ridendo-mores, campan con todos sus respetos, como una murga cualquiera”.

Padre Leonardo Castellani


miércoles, 16 de julio de 2025

DE REGRESO...

 

"Decíamos ayer..."

Querido lector:

Luego de varios años de exitosa nanoterapia gestual del egoceno, y habiendo recuperado la locura, al fin hemos podido enfrentar nuestros miedos a la pantalla en blanco y, animados de audacia sin par –auxiliados además por una ampolla de tequila “Don Camilo” (que auspicia esta columna)- salimos a enfrentar al mundillo de los grandes Ólogos, los super Ores, los “Maestros” imbatibles, los "Intelectuales" incuestionables y, cola pero no traste, los Influencers, y demás afaunados con o sin inteligencia artristicial. Esta vez nuestra patriada va en compañía de don Sánchez de la Mesa, que si en algún momento deja las viandas por la refriega mano a mano, lanza en ristre y boleadoras geométricamente circunvolantes, podremos juntos –no “en pareja”, ¡guay!- seguir nuestra vocación inalterable de deshacer agravios, enderezar entuertos, y proteger doncellas desamparadas...

Pierda cuidado el lector: al Bachiller Carrascosa lo perdimos de vista desde que fue elegido diputado junto a Lali Berta Davanza. Allá ellos con sus corruptelas, que si llegamos a verlo le haremos arrepentir de sus trapisondas democacaráticas. Sabíamos que terminaría así el pobre infeliz. Tanto reprimir nuestra libertad de contienda, y al final se volvió aficionado a la economía de mercao, los ajustes de cinturones masivos y la poda salvaje de árboles. Ahora se la pasa gritando “¡Viva la libertad, carajo!” detrás de un idisheprimate. ¡Qué lo parió!

En este primer número de nuestra Revista presentamos en exclusiva una joya del género hagiográfico moderno, que aún sigue sin editarse en castellano. Nos referimos al “Martirologio Ecuménico”. El lector que aún no perdió el seso, sacará sus propias conclusiones. Nosotros ya lo hicimos.

Don Sánchez y quien les habla, ya tomamos las armas – y también tomamos el tequila, por supuesto.

Hasta la próxima, y bendiciones.

¡Viva Cristo Rey!

¡Viva Su Majestad Dulcinea!

¡Viva la Patria!


El Rústico


CASTIGAT RIDENDO MORES - SEGUNDA EPOCA - NUMERO 1

 

“Contra malicia, milicia”

(Gracián)

viernes, 14 de julio de 2017

Adiós muchachos




Comunicado de CRM S.A.:


Debido a un incurable ataque de retraimiento, introversión y ensimismamiento, el editor responsable del blog se ve obligado a bajar la persiana y poner el candado.

El personal estable puede pasar a retirar su liquidación final a partir de la semana que viene. (También pueden recibir asesoramiento psicológico sin cargo con el Prof. Pizzapardo, nuestro habitual colaborador).

Nuestro redactor en jefe Erwin Passacaglia nos ha hecho llegar este escrito alusivo a manera de inscripción funeraria:

El mármol funerario no recibirá
palabras que ya son un olvido,
el blog finalmente cohibido
en el aire, inactivo, seguirá.

¿Quién pudiera mensurar los dicterios
recibidos tras la dichosa jornada,
la indiferencia o la filípica patada
que prolijamente nos llovieron?

Liberales tuvieron su tormento
quitados sus suntuosos disfraces,
que ocultan su impostura de salames
abrazados al error cual hoja al viento.

Farisaicos y super tradicionales
hoy aburren con su engolamiento,
ya tuvieron su buen escarmiento,
no hay que cebarse con los carcamales.

Resta legar en herencia
para lectores de buena voluntad
humoradas, cuentos sin edad,
observaciones y cristiana sentencia.




El Rústico


jueves, 13 de julio de 2017

“Tal como somos”



“La prelatura San Pío X está en el sótano”.

De  acá

LA RELIGIÓN CHARLIE





Tres religiones se disputan hoy Francia:

-la religión tradicional (católica),

-la religión nueva (islámica),

-la religión oficial (masónica).

-La 1° quiere que el hombre suba hasta Dios incorporándose a Jesucristo, Dios descendido hasta nosotros.

-La 2° quiere que el hombre quede lejos de Dios sometiéndose a Mahoma que declara a Dios inaccesible.

-La 3° quiere que el hombre tome consciencia que él es Dios –sin otro fin ni referencia que él mismo.

Todo sería perfectamente claro si la tercera religión no tuviera la manía de avanzar enmascarada. Ella está restringida por su doctrina, porque el hombre de la calle ve claramente que él no es Dios. Nada le es más evidente. Para imponerle el dogma masónico, la religión oficial debe proceder con almohadones. Ella transmite sus ideas en un lenguaje codificado cuya llave es dejada progresivamente a los iniciados, en el interior de las logias.

Todo el vocabulario oficial de la República masónica es así codificado. Las palabras “libertad”, “igualdad”, “fraternidad”, “laicismo”, “tolerancia”, “democracia”, etc., tienen una doble significación: un sentido banal, o exotérico, para el uso de los profanos, y un sentido escondido –masónico- reservado a los iniciados.

Las instituciones de inspiración masónica tienen igualmente una doble cara –y Charlie Hebdo tiene su parte. (Su principal accionista, Bernard Maris, era miembro del Gran Oriente). Es un ejemplo característico.

Si hay un periódico que uno no tendría la idea de llamarlo “religioso”, ese es Charlie Hebdo. Interrogados, la mayor parte de sus redactores y de sus lectores se califican fieramente en la categoría de los “sin religión”. ¿Pero, de dónde vienen entonces sus obsesiones sobre ese tema? ¿Su obstinación mórbida de revolcarse en la blasfemia?

Oficialmente, es para exaltar la “libertad de expresión”, dentro de la cual el “derecho a la blasfemia” sería la condición sine qua non y la cima inmejorable. Pero ¿quién lo puede creer? Cada uno sabe que, para Charlie Hebdo hoy, como para Voltaire ayer, y para todos los masones de todos los tiempos, la “libertad de expresión” no es un absoluto sino cuando ellos la necesitan. Ella cesa bruscamente de existir cuando se trata de, por ejemplo, hablar de Dios en las escuelas públicas o en otros dominios, desde las leyes Pleven, Gayssot, Neiertz, Taubira, etc. (¿Hay que recordar que un doctor Dor ha sido pesadamente condenado por la “justicia” de la república masónica simplemente por haber manifestado su oposición al asesinato prenatal?

Usted puede dar vuelta el asunto en todos los sentidos, la única solución coherente es que esas gentes son, en realidad, devotos que ignoran que lo son. Ellos ejercen su culto como M. Jourdain ejercía la prosa: sin darse cuenta. Pues mal que mal ellos tienen una fe, una liturgia, obligaciones religiosas. La blasfemia es, para ellos, un verdadero rito. ¿La humanidad no es un dios? ¡Un dios celoso! ¡Que no puede sufrir rival! Hay que derribar los ídolos, y los zelotes de Charlie Hebdo se emplean en ello fielmente cada semana.

Herederos de los inconoclastas hugonotes y de los revolucionarios septembristas, los caricaturistas de Charlie Hebdo ejercen, en la República masónica, una verdadera función religiosa. Disfrazados de payasos (porque en la masonería, todo es disfraz), son, sino los grandes sacerdotes, al menos los grandes sacrificadores del Régimen.

Porque no hay religión sin sacrificio:

-para elevarse hacia Dios, el cristiano se ofrece él mismo en sacrificio (por Jesucristo);

-para vengar su Dios, el musulmán inmola a los otros (como Mahoma);

-para convencerse de que él es un dios, el masón prueba de inmolar el Dios de los otros (en efigie).

Esta simple comparación ¿no es suficiente para discernir la verdadera religion?



Lettre des dominicains d’Avrillé n° 73, Février 2015.

Desperfectos radiales, al fin solucionados





¿Pondrá Mons. Felé la FSSPX en sus manos?





Discernir



Como niños



"En verdad os digo que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis al reino de los cielos". Mt. XVIII, 3.


De acá

LA EXPULSIÓN DEL PADRE JORGE





De acá

Cada tanto el periodismo adulón (y valga el pleonasmo) trae alguna anécdota de Bergoglio anterior a su satrapía en la Ciudad Eterna a los fines de reforzar la simpatía por este pontífice tan ajeno al protocolo. Para quienes se abstienen de imitar al avestruz en sus curiosos hábitos de soterrar la testa, comer vidrio o correr en zigzag, estas consejas terminan causando el efecto contrario al que se quiere inducir. Pero la Neoiglesia, así como suplantó altares por mesas playeras y devocionarios por libros de autoayuda, así también trocó fieles por ñandúes, logrando de esta manera que un Bergoglio se haga pasable y hasta grato al paladar. Lo había previsto un horrorizado Jeremías (5, 31): los profetas profetizan mentira, y los sacerdotes gobiernan según su antojo; y esto le gusta a mi pueblo.

Sacan a relucir el testimonio de un entrenador de fútbol, Alfio "Coco" Basile, que cuenta la ocasión en que echó a un ignoto cura del vestuario de San Lorenzo de Almagro momentos antes del inicio de un partido en el que debutaba al frente del equipo, hacia 1998. El meterete, según le fue entonces explicado al flamante entrenador, solía venir a conversar con los jugadores antes de echarse a rodar la pelota como para darles ánimo, lo que no obstó para éstos perdieran un partido tras otro hasta la contratación de Basile, quien no vaciló en su juicio sobre el clericalismo (con el resultado de la ulterior remontada deportiva).  Fortuitamente y al cabo de unos años vino a conocer la identidad de aquel intruso.

Este género de desvelos pastorales de aquel que, a la sazón, ya era arzobispo de Buenos Aires (aunque gustara confundir humildemente su dignidad episcopal con la del último cura), fueron puestos en su sitio por uno que -a no dudarlo- no debía tener la menor noción de lo que San Pablo arguyó a Timoteo acerca de la calidad requerida a los príncipes de la Iglesia (I Tm 3,2): oportet episcopum irreprehensibilem esse, ni de aquel que Trento había definido como el más urgente entre los oficios episcopales: el de la predicación -que no el aliento al futbolista. Su ignorancia en la materia no impidió que reconociera que acá había una excrecencia, una sobra, toda una superfluidad ataviada en modestísimo clergyman, y que cumplía quitarla de en medio.

Nuestra pregunta, ya conocida la anécdota, es: ¿no hubo nadie, antes de la ordenación sacerdotal de Bergoglio, dispuesto a atender aquel otro consejo paulino (I Tm 5,22): «no impongas a nadie las manos sin la debida consideración»? ¿Nadie que advirtiera al papa polaco que este Judas no debía ser consagrado obispo ni creado cardenal? ¿Nadie que le urgiera al papa bávaro la suspensión a divinis de este auténtico tiburón de su propia diócesis, después de que se hizo patente y notorio que se hacía bendecir por los tele-protestantes, que vestía la kippah, que encubría a subordinados veraneantes con amigas en el Caribe merced a los fondos de Cáritas o que desmantelaban la histórica Casa de Ejercicios para quedarse con la renta de las monjas allí residentes? ¿Tan autodestructivo es el credo conciliar, que hace falta un Coco Basile para fulminar el apropiado anatema y la excomunión de esta persistente plaga?


"Mi comida favorita"



miércoles, 14 de junio de 2017

El náufrago


“Tengo que conseguir mucha madera
Tengo que conseguir de donde pueda
Y cuando mi balsa esté lista partiré hacia la locura
Con mi balsa yo me iré a naufragar”.



Había un hombre llamado P. Robinson Crusoe. Vivía en una remota isla de Asia. La Isla se llamaba Neofraternidad.

El pobre hombre se sentía muy solo, tanto que había llegado a desesperar en busca de compañía.

A lo lejos, en el horizonte, el pobre P. Robinson veía un gran barco llamado “Roma Conciliar”, cuyo capitán, François Bergoglio, le había enviado un mensaje invitándolo a ser parte de la tripulación de la nave. Así dejaría de estar tan solo y aislado.

Es cierto que el barco estaba apestado, la plaga del SIDA hacía estragos, y viendo las costumbres promiscuas de la mayoría de sus tripulantes, era difícil que el P. Robinson pudiera no ser contagiado. Todos los días se veía morir gente sobre la nave.

Pero P. Robinson pensó que si había la “Sociedad de los Salvadores” reconocida por François Hollande, ¿por qué los “neofraternitarios” no podrían estar bajo el amparo de François Bergoglio? ¿Y acaso debería él pedirle un certificado de sanidad al capitán del barco?  Si el capitán estaba contagiado, eso no significaba que no pudiera transportar a P. Robinson y los solitarios neo-fraternitarios. Ellos viajarían en un rincón de la nave, permaneciendo tal como son, mientras el misericordiador Capitán François conducía el timón del barco por los mares de la periferia del mundo.

Así fue como, en medio de su desesperada soledad, P. Robinson escribió una larga carta con todo tipo de razones para que todos apoyaran su deseo de salir de la isla y ser parte de la tripulación del majestuoso barco romano. En vano se le informó que no había cura para el SIDA, o que el capitán del barco y los oficiales no hacían nada por curar la enfermedad, sino que más bien la propagaban. En vano se le mostró que sobre el barco reinaban el caos, los abusos, las injusticias, la mentira, la corrupción. P. Robinson no entendía razones. Él miraba al horizonte y veía siempre al barco, tan imponente, que parecía estar esperándolo. De hecho, un bote salvavidas fue procurado por el capitán, y comenzó a acercarse a la isla.

¡Robinson estaba salvado!

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La historia verdadera, aún sin el final trágico que se avizora, puede leerse a continuación:




ARTÍCULO DESCARADAMENTE ACUERDISTA DEL DISTRITO DE ASIA DE LA FSSPX


LA UNIDAD DE FE CON EL PAPA FRANCISCO Y EL RECONOCIMIENTO CANÓNICO DE LA FSSPX


FUENTE (comentarios en color rojo añadidos por NP)

En este artículo, publicado con el permiso de la Casa General de la FSSPX en Menzingen, el P. Paul Robinson aborda la cuestión de si el Papa debe tener la fe de un tradicionalista [nótese esta expresión “la fe de un tradicionalista”. Esta es -simplemente- la fe católica] para que sea correcto para la FSSPX recibir de él el reconocimiento canónico.

Introducción

En el debate acerca de si la FSSPX debe aceptar una prelatura personal del pontificado del Papa Francisco, algunos han opinado que la FSSPX no debería considerar si el reconocimiento canónico es oportuno o prudente; sino que más bien, la verdadera pregunta que debería ser planteada es si la FSSPX y el Papa Francisco comparten la misma finalidad y tienen la misma fe. De ser así, entonces y sólo entonces podría ser correcto en principio, permitiéndonos discernir si también es prudente.

La posición implícita de aquellos que expresan esta opinión, es que el Papa Francisco no tiene la misma fe o la misma finalidad de la FSSPX, y por lo tanto sería en principio un error aceptar el reconocimiento canónico bajo el pontificado del Papa Francisco. No solo eso, sería ilógico, pues “establecer unidad legal sin unidad real sería… contradictorio”.

Este artículo tratará de mostrar que, en principio, no es un error aceptar el reconocimiento canónico de un Papa modernista, y también tratar de determinar un criterio por el cual se puede determinar el grado en que la colaboración con un Papa modernista es aceptable. Este artículo no considerará si es prudente, en las circunstancias actuales, aceptar la prelatura personal del Papa Francisco por parte de la FSSPX.

La Historia de la FSSPX

El primer hecho a destacar acerca de la posición mencionada es que va en contra del espíritu que anima toda la historia de la FSSPX. Hagamos una breve reseña de esa historia para ver que tal es el caso.

No parece muy difícil establecer que el Papa Paulo VI tenía fuertes tendencias modernistas. Aun así la FSSPX fue erigida canónicamente bajo el pontificado de Paulo VI y fue reconocida como pía unión desde 1970 a 1975. Así, por lo menos en la mente del Arzobispo, no puede estar mal, en todas las circunstancias, el colaborar con un Papa modernista al grado de tener una estructura canónica bajo su autoridad. [El P. Robinson no toma en cuenta que en 1970, año de la fundación de la FSSPX, la Iglesia recién empezaba a sumergirse en las tinieblas de la espantosa crisis inaugurada con el concilio Vaticano II. A medida que se producían los cambios y a medida que se consolidaba y se acentuaba más y más el proceso de autodemolición en la Iglesia, Monseñor Lefebvre iba endureciendo, progresivamente también, su postura ante la Roma ocupada por los herejes modernistas]

Los acontecimientos que llevaron a 1988 son tal vez los más ilustrativos en este sentido. Cuando se entiende que Monseñor Lefebvre estaba esperando señales de que debía consagrar obispos y que después de recibir dos de esas señales bajo la forma de escándalos modernistas por parte de Roma, fue entonces a Roma buscando un reconocimiento canónico; uno debería sacar el principio general: los escándalos modernistas, por sí mismos, no son un obstáculo para recibir el reconocimiento canónico de manos de los que perpetraron esos escándalos[Si el P. Robinson tiene razón, Mons. Lefebvre se equivocó cuando escribió esto al final de su vida y como conclusión de lo relativo al tema de las relaciones con Roma: Los sacerdotes que quieren permanecer católicos, tienen el estricto deber de separarse de la iglesia conciliar, hasta que ella redescubra la Tradición de la Iglesia y la Fe católica. (Mons. Lefebvre en “Itinerario Espiritual”, que es el último libro de Monseñor y, por eso, la manifestación de su última y definitiva voluntad). Noten, a propósito, que la expresión “iglesia conciliar” no figura nunca en este texto acuerdista de la FSSPX. También se equivocó el capítulo general del 2006: "Los contactos que mantiene la Fraternidad esporádicamente con las autoridades romanas tienen como único objeto ayudarles a que hagan otra vez suya la Tradición, de la que la Iglesia no puede renegar sin perder su identidad, y no para lograr una ventaja para sí misma ni para llegar a un imposible “acuerdo” puramente práctico"

sábado, 10 de junio de 2017

Vení tal como sos



Últimamente, la empresa yanqui de comida chatarra más famosa del mundo, McDonalds ®, ha lanzado en Francia una nueva campaña publicitaria. Sus imágenes quieren dar cuenta de su amplitud, pluralidad, liberalidad y tolerancia, mostrando todo tipo de personas extravagantes o monstruosas –muchas en actitudes pecaminosas o groseras-, a las que invita a concurrir a sus locales a consumir sus grasientas hamburguesas y sus aguachentas cocacolas bajo este slogan: Venez comme vous êtes, esto es decir en castellano: VEN COMO ERES.



Últimamente, la FSSPX ®, mediante el P. Bouchacourt, ha lanzado en Francia una nueva campaña acuerdista para ser aceptados por la Roma modernista (que expende doctrina chatarra peor que la de McDonalds), bajo el slogan Tels que nous sommes”, esto es: TAL COMO SOMOS (puede verse acá).

Cierto que alguna vez Mons. Lefebvre jr. dijo tal cosa, en lejanos tiempos, pero luego Mons. Lefebvre sr. comprendió perfectamente que eso era insostenible, y que la guerra con los modernistas era a muerte. Aprendió a los golpes, podría decirse. Y una vez dado el propio golpe a la Roma modernista, con las consagraciones episcopales de 1988, refrendó tal posición hasta el fin de su vida.

Si Mons. Lefebvre realizó las consagraciones episcopales es porque no podía aceptar “tal como es” a la jerarquía de la Iglesia. He allí el meollo del asunto: lo que Roma es. Y Roma es apóstata y modernista.

Por aquellos tiempos Mons. Lefebvre decía que aunque Roma le diese todo lo que pidiese, la Fraternidad no podía colaborar con ella porque trabajaban en direcciones opuestas: Roma para la descristianización de la sociedad, la Fraternidad para lo contrario.

Hoy la Neo-Fraternidad, independientemente de lo que Roma es y de lo que Roma hace, pide, como los energúmenos publicitarios de McDonalds, ser aceptada en su “diferencia”. Roma, desde luego, es capaz de lanzar una campaña publicitaria –de hecho es lo que ha venido haciendo con la Fraternidad con su diálogo y ecumenismo- diciendo: “Ven como eres”. Y la Fraternidad –pobre, tan acomplejada ella por ser distinta y que no la reconozcan- ha mordido el anzuelo.

El P. Bouchacourt acaba de dar una nueva muestra de lo que es la Neo-Fraternidad San Pío X.

¿Por qué no pueden aceptar “tales como son” a los que están en la Resistencia, y sí a los romanos modernistas? ¿Por qué no pudieron aceptar “tales como son” a los siete sacerdotes que recientemente hicieron una carta disidente y sí a los romanos conciliares? ¿Roma debe tolerar a la Neo-Fraternidad, y ella no quiere tolerar a los otros? Su tolerancia para con los modernistas y su intolerancia para con los antiliberales es propiamente obra de una mente religiosamente McDonalizada, que hace mucho tiempo comenzó a echar agua al vino (la doctrina), y luego empezó a meterle cocacola. Al final, terminarán echándole un poquito de vino a la cocacola.

Tendrán que tragarse todo lo que les den en el McDonalds modernista romano. Tales como ahora son. Désolé.

  
Posibles publicidades romanas:



Roma recibirá a la Fraternidad tal como es:





El macaneo



Macaneo.


“Nosotros, que vivimos en el país de los macaneadores, es decir, de los confusos, los confundidos y los confusonarios, conocemos ese mal: es el que puede traer la perdición del país. El macaneo es una palabra argentina y es también una industria nacional, quizás la más floreciente que tenemos: dudo que haya en el mundo, sin exceptuar el Uruguay, país más productor de macaneo y más confusionado actualmente que el nuestro. Cuando la confusión se extiende a la cosa religiosa, ese fenómeno es fatal”.


P. Castellani, Domingueras prédicas II, Pág. 231.



Un comentario interesante sobre Francisco, acá :

Un poco a la manera de aquellos procesos naturales llamados «de sustitución sucesiva», en que una sustancia suplanta a otra conservando sus accidentes (un ejemplo de esto es la fosilización) y que de un modo absoluto y único, sobrenatural por su causa y por su efecto, se da en la Eucaristía, así debía llegar un momento para la iglesia infiltrada, para la iglesia clandestina promovida en rauda sustitución de la Católica, en que aquélla diera al traste con las formas para aparecer al fin en toda su desnudez, sin subterfugios, con su rey desnudo proclamando la inminencia de su «iglesia pobre para los pobres». Nescis quia tu es miser et miserabilis et pauper et caecus et nudus. Serían los tiempos del papa peronista, última e insospechada encarnación del princeps tal como lo concibiera la funesta contra-tradición política que nos viene de Marsilio de Padua y Maquiavelo, elevado esta vez al gobierno eclesiástico. Algo así, muy a su manera, como la simbiosis de las dos espadas: un pontífice, si tanto, que asume las mañas de los tiranuelos de republiqueta, haciendo tabla rasa de la constitución divina y las prerrogativas de la Iglesia y barriendo la casa con escoba de acero, al par que infligiendo papocesárea injerencia en la política de los Estados, trátese de las campañas electorales o los convenios por el cambio climático. Es la sorprendente proyección universal de un tipo humano criado en el caldo de la sociedad porteña del siglo XX en el período en el que confluía la primera generación de hijos de inmigrantes transmarinos ávidos de "hacer la América" con la migración interna de los "cabecitas negras", ese confuso entrevero humano listo para elevar a líderes con agudo sentido de la oportunidad y desordenado amor propio. 


De acá, de este cambalache social no muy apto para el ocio meditativo y para la alta filosofía, un joven Bergoglio habrá hecho carne aquel axioma de Juan Domingo que reza que «la única verdad es la realidad», y que pese a su imprecisión pudiera interpretarse en clave realista si la metafísica peronista no se caracterizara por suplir la categoría de sustancia por la de conveniencia. Ese rabioso pragmatismo (que supone un anti-intelectualismo, un escepticismo inconmovible, y que impregna desde la base toda la aprehensión de la realidad de un sujeto así conformado) es el que se manifiesta en un Francisco dispuesto -según propia confesión- a encerrar a los teólogos en una isla con tal de que lo dejen avanzar en la síntesis ecuménica con los protestantes; el que truena contra los «especialistas del Logos» y el mismo que declara por escrito, para rubor del fondo blanco de la página, que «no hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable». Lo suyo, su «evangelio» que corrige al de Nuestro Señor, es el de los vendedores de seguros que siempre esbozan una sonrisa para ofrecer un accesible lenitivo a las ásperas contiendas sublunares. Humano, demasiado humano (como el pecado consentido, la ofuscación de la conciencia y la impostura entronizada), a Francisco le importa ante todo «escuchar los latidos de este tiempo y percibir el “olor” de los hombres de hoy»: nada de proclamar la Verdad y condenar el error; nada de señalar a «los hombres de hoy» lo que la Iglesia debe enseñar a los hombres de siempre. Porque -según lo testimonia con inobjetable rigor documental el libro que tratamos- para Francisco poco importa la religión que se profese cuanto nuestra «humanidad común» con budistas, animistas y ateos.


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